El conflicto estalló el 3 de enero, cuando Kicillof publicó en X: "La Provincia de Buenos Aires condena el accionar militar de Estados Unidos en Venezuela. Este hecho constituye una grave violación de los principios elementales del Derecho Internacional". Invocó doctrinas históricas argentinas como la Drago y la Calvo, defendiendo la no intervención y la soberanía.Quirno, economista sin experiencia previa en diplomacia tradicional, reposteó un mensaje que recordaba que la política exterior es potestad exclusiva del Gobierno nacional, acompañado de emojis burlones. Críticos como medios opositores lo tildaron de "vergüenza" y prueba de inmadurez, contrastando con la tradición de prudencia en la Cancillería.
Raíces históricas: de Quirno Costa a Costa Méndez
El apellido Quirno evoca la "edad de oro" de la diplomacia argentina finisecular. Norberto Camilo Quirno Costa (1844-1915), vicepresidenta con Julio A. Roca y canciller, firmó tratados de límites con vecinos, consolidando fronteras y promoviendo inmigración. Representó un realismo pragmático, alineado con potencias pero defendiendo soberanía.Décadas después, Nicanor Costa Méndez (canciller durante Malvinas en 1982) simboliza un punto de inflexión negativo: su gestión en la guerra es criticada por fallos diplomáticos, aislamiento internacional y subestimación de respuestas británica y estadounidense.
Desde entonces, la diplomacia argentina ha oscilado: "relaciones carnales" con EE.UU. en los '90, alineamiento ideológico con Venezuela y Cuba en el kirchnerismo, y ahora un alineamiento incondicional con Trump bajo Milei.El rol de Kicillof y la polarización actualKicillof, exministro de Economía kirchnerista, representa la línea de autonomía y multilateralismo latinoamericano. Su condena a la "operación Maduro" alinea con posiciones de Brasil, México y Colombia, priorizando no intervención.
Críticos oficialistas lo acusan de defender "dictaduras" y debilitar derechos humanos regionales.El episodio ilustra una diplomacia cada vez más polarizada y mediática: tweets y emojis reemplazan protocolos tradicionales. Analistas señalan que el foco en financiamiento externo (deuda, inversiones estadounidenses) subordina la política exterior a necesidades económicas, alejándola de principios históricos.Mientras Quirno acelera acuerdos con Washington (como el pacto comercial de noviembre 2025), voces opositoras ven en esto una "dependencia" que evoca críticas al realismo periférico de los '90. La tradición de soberanía y equilibrio parece diluirse en un mundo de alianzas pragmáticas y redes sociales.
Este cruce entre Quirno y Kicillof no es solo anécdota: refleja una diplomacia en crisis de identidad, donde el pragmatismo financiero choca con ideales históricos, en un contexto global volátil. El futuro dependerá de si Argentina recupera equilibrio o profundiza polarización.