Según un informe confidencial del "Anexo 04" titulado “Informe de actividades Submarino ARA San Juan”, firmado por el capitán de fragata Pedro Martín Fernández (comandante en la misión fatal de noviembre 2017):
La misión era de vigilancia contra pesca ilegal, pero los contactos ocurrieron en zona económica exclusiva argentina o adyacencias. Fuentes navales sugirieron que el submarino extranjero podría vigilar áreas de interés británico (como rutas a Malvinas), aunque Reino Unido nunca confirmó.
Este incidente fue la penúltima patrulla del San Juan antes de su desaparición el 15 de noviembre 2017 (con 44 tripulantes). La Comisión Bicameral Investigadora (2019) descartó ataque extranjero en el hundimiento (causado por incendio en baterías e implosión), pero el episodio de julio resalta vulnerabilidades en control marítimo.
Documentos como los publicados por Infobae en 2018 destacan que el San Juan operaba con limitaciones (profundidad máxima 100 metros por mantenimiento pendiente), pero cumplía tareas de soberanía. El acercamiento mutuo (de pasivo a activo) implica maniobras de seguimiento o evasión típicas en operaciones submarinas.A años de la tragedia, este caso recuerda la importancia de capacidades submarinas para Argentina en un Atlántico Sur estratégico. La Armada mantiene silencio oficial, pero expertos coinciden: fue un contacto real, clasificado como nuclear por firma sonora característica.