El detonante no fue ideológico ni relacionado con el conflicto en Gaza, sino un conflicto de intereses estratégicos en el Atlántico Sur: los planes de la empresa israelí Navitas Petroleum (en asociación con una británica) para iniciar perforaciones petroleras en alta mar cerca de las Islas Malvinas/Falklands, con operaciones proyectadas para 2028. Argentina considera estas actividades "unilaterales e ilegítimas", ya que afectan su reclamo de soberanía sobre el archipiélago y la plataforma continental. Fuentes cercanas a Milei citadas por Canal 12 afirmaron que la disputa generó un "roce diplomático" directo con el primer ministro Benjamin Netanyahu, lo que "detuvo efectivamente" el proceso de reubicación de la embajada y podría dañar el vínculo bilateral.
Milei, quien se ha declarado un firme defensor de Israel —aliado clave junto a Estados Unidos en su política exterior—, había prometido inaugurar la embajada en Jerusalén durante la "primavera argentina" de 2026 como gesto de apoyo político y simbólico. La suspensión marca un giro inesperado: aunque el Ministerio de Relaciones Exteriores israelí buscó bajar el tono afirmando que Argentina sigue siendo "uno de los mejores y más cercanos amigos de Israel" con "contacto fluido y permanente", la decisión expone los límites del alineamiento cuando chocan con intereses nacionales sensibles como Malvinas.
Este episodio se suma a un contexto más amplio de fricciones indirectas. En las últimas semanas, los devastadores incendios forestales en la Patagonia (más de 15.000 hectáreas afectadas en Chubut y Santa Cruz) han desatado teorías conspirativas y acusaciones en redes y sectores opositores que vinculan a turistas israelíes (o supuestos "soldados disfrazados") con fuegos intencionales, reviviendo el viejo libelo antisemita del "Plan Andinia". Figuras como el exgeneral César Milani y locutoras como Marcela Feudale amplificaron estas versiones, que fueron desmentidas por fact-checkers (Chequeado, AFP Factual) y autoridades provinciales: la granada hallada cerca de los focos es FMK8 argentina, no israelí, y no hay evidencia judicial de participación extranjera organizada.
El gobierno de Milei repudió estas narrativas como "parte del lado oscuro de Argentina" y fomentadoras de antisemitismo, pero el ruido en redes ha coincidido con la tensión por Malvinas, alimentando percepciones de desconfianza mutua. Israel no ha emitido declaraciones oficiales sobre los incendios, pero la coincidencia temporal agrava el malestar.
Mientras tanto, la Cancillería argentina mantiene que la relación bilateral sigue siendo estratégica, pero el congelamiento de la embajada en Jerusalén —una de las promesas más simbólicas de Milei— señala que los intereses soberanos (Malvinas, recursos energéticos) pesan más que el alineamiento ideológico cuando entran en conflicto. Fuentes diplomáticas indican que se busca resolver la disputa por canales discretos, evitando una escalada mayor, pero el daño está hecho: la "extraordinaria" relación de 2023-2025 muestra sus primeras grietas reales en 2026.
El tablero bilateral se complica: soberanía, petróleo y percepciones públicas chocan en un momento donde Argentina necesita aliados en lo económico y lo geopolítico. ¿Se resolverá la tensión o se profundizará? El tiempo —y las negociaciones— lo dirán, pero por ahora, Jerusalén queda más lejos que nunca para la diplomacia argentina.