Kristersson declaró en rueda de prensa en Estocolmo: “Suecia responde positivamente a la solicitud de nuestro aliado y vecino Dinamarca. Nuestros oficiales contribuirán con expertise en vigilancia ártica, coordinación de defensa y evaluación de amenazas en el Alto Norte. Esto forma parte de nuestra responsabilidad colectiva como países nórdicos y aliados de la OTAN para preservar la estabilidad y la seguridad en la región ártica”.
El contingente sueco —cuyo número exacto no fue revelado, pero se estima en una docena de oficiales de alto rango del Estado Mayor de la Defensa (ÖB) y del Comando Conjunto del Norte— se integrará temporalmente a las estructuras danesas en Nuuk y Thule, colaborando en tareas como:
La llegada se produce en el marco de la declaración conjunta de los ministros de Asuntos Exteriores nórdicos del 6 de enero, que reafirmó: “Groenlandia no está sola. Los países nórdicos están unidos”. Ese mensaje fue una respuesta directa a las exigencias del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha presionado por el control de Groenlandia —incluyendo amenazas de utilizar el ejército si es necesario— y ha demandado a la OTAN que obligue a Dinamarca a expulsar supuestas presencias rusas y chinas de la isla.
Dinamarca, que mantiene la soberanía sobre Groenlandia con autonomía creciente de la isla, agradeció públicamente la iniciativa sueca. La primera ministra danesa Mette Frederiksen señaló que “la cooperación nórdica en defensa ártica es más necesaria que nunca” y que el envío de oficiales suecos “fortalece nuestra capacidad disuasoria sin escalar tensiones innecesarias”.El anuncio sueco se suma a otras señales de cierre de filas europeo-nórdico:
Mientras tanto, Trump mantiene su retórica: en Truth Social repitió que “Groenlandia debe estar bajo protección estadounidense” y que “solo EE.UU. puede garantizar su seguridad efectiva”. Dmitry Medvedev, desde Moscú, ironizó ayer con la idea de un “referéndum sorpresa” para que Groenlandia se una a Rusia.Groenlandia, con sus 56.000 habitantes, recursos críticos (tierras raras, uranio) y posición geoestratégica, se ha convertido en el epicentro de una disputa que pone a prueba la cohesión de la OTAN y la unidad transatlántica.
El envío de oficiales suecos —un gesto discreto pero simbólico— indica que los nórdicos no cederán soberanía ni permitirán que la presión unilateral estadounidense dicte el futuro del Ártico.La llegada el miércoles será seguida de cerca: ¿reforzará la disuasión nórdica o será interpretada en Washington como desafío directo? El Atlántico Norte se enfría, pero la tensión geopolítica se calienta día a día.