En una entrevista concedida a la agencia danesa Ritzau y reproducida por DR (Danmarks Radio) y Politiken, Barbin afirmó textualmente:
«Moscú no tiene ninguna reclamación sobre Groenlandia. Rusia no tiene intereses territoriales en esa isla ni pretende interferir en sus asuntos internos o en la soberanía danesa. Todo lo que se dice en ese sentido es una distorsión deliberada o una provocación destinada a desviar la atención de las verdaderas intenciones de ciertos actores en el Ártico.»
El diplomático calificó de «absurdas y sin fundamento» las menciones de Trump sobre supuestas amenazas rusas en Groenlandia y rechazó explícitamente el comentario sarcástico de Medvedev del 14 de enero («los 55.000 residentes podrían votar para unirse a Rusia, y entonces todo habría terminado»), aclarando que se trató de «una broma irónica que algunos medios occidentales han tomado literalmente para generar alarma».Contexto de la Declaración
Reacciones Inmediatas
AnálisisLa declaración de Barbin es un movimiento táctico clásico de la diplomacia rusa: desmentir formalmente para evitar ser arrastrado a una confrontación que no le conviene en este momento (mientras concentra recursos en Ucrania y el fortalecimiento del NSR). Al mismo tiempo, permite a Moscú mantener la presión indirecta mediante despliegues militares en su propio territorio ártico, sin cruzar líneas rojas que unan a la OTAN contra Rusia.
El Ártico sigue siendo un tablero de ajedrez de alta tensión: Trump presiona por Groenlandia desde el oeste, Rusia refuerza su flanco este y centro, y los nórdicos (Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia) cierran filas con apoyo europeo.
La negación rusa es clara, pero los hechos en el terreno —más bases, más submarinos, más ejercicios— hablan por sí solos.
Fuentes: Ritzau (16/01/2026), DR Nyheder, Politiken, TASS