El Ejército Británico (British Army) es hoy el más pequeño desde las guerras napoleónicas: apenas 73.000 efectivos regulares (datos oficiales del Ministerio de Defensa a enero 2026), por debajo del mínimo operativo de 82.000 establecido en 2021. La Royal Navy tiene problemas crónicos para mantener sus barcos en el agua: el portaaviones HMS Prince of Wales volvió a puerto en septiembre 2025 por averías en el eje de propulsión, y varios destructores Type 45 siguen con limitaciones de potencia en climas cálidos. La RAF lucha por mantener suficientes Typhoon y F-35B operativos al mismo tiempo.
Los números que duelen
Europa ya no esperaEn Bruselas, Berlín, Varsovia y Estocolmo el tono es cada vez más impaciente:
Incluso en París y La Haya —donde tradicionalmente se valora la relación especial anglo-francesa— hay murmullos: «Si el Reino Unido no puede mantener un portaaviones operativo ni enviar una brigada completa al extranjero sin agotar sus reservas, ¿qué aporta realmente a la defensa colectiva?».El contexto global que agrava el problema
En ese escenario, un Reino Unido con un ejército incapaz de desplegar más de 5.000-7.000 tropas en una operación sostenida (como demostró el despliegue en Estonia en 2024-2025) ya no genera confianza. El “Global Britain” de Boris Johnson se ha convertido en un eslogan vacío.¿Hay salida?El gobierno de Keir Starmer prometió una revisión estratégica de defensa en 2025, pero los analistas dudan de resultados reales sin aumento significativo del gasto (hoy en 2,3 % del PIB, lejos del 3 % que piden algunos generales).
El próximo Libro Blanco de Defensa (previsto para primavera 2026) será decisivo: o Londres compromete recursos reales, o Europa seguirá mirando hacia Varsovia, Berlín y Estocolmo como los nuevos pilares de la seguridad continental.Mientras tanto, los barcos británicos siguen en puerto por averías, los regimientos se reducen y la paciencia europea se agota.
El Reino Unido puede ser una potencia nuclear y tener inteligencia de primer nivel, pero sin capacidad convencional creíble, su peso en la OTAN y en Europa se desvanece.Europa ya no espera. Está reorganizando su defensa sin contar con un aliado que no puede —o no quiere— mantener el paso.