Sus palabras textuales fueron:
«No sé si la administración estadounidense lo ha visto en un mapa, pero Svalbard existe. Está a solo 1.000 kilómetros de Murmansk, con bases rusas al lado. Groenlandia está lejos de Rusia; Svalbard prácticamente la toca. Si Trump quiere un pedazo de Ártico para ‘proteger’ la seguridad de EE.UU., que empiece por allí. Noruega es un aliado OTAN, como Dinamarca… a ver si se animan».
La frase, pronunciada con la ironía característica de Milanović (conocido por sus críticas directas a la OTAN y a la política exterior estadounidense), generó risas entre los periodistas pero también indignación en algunos círculos atlánticos. Svalbard —un archipiélago noruego en el océano Ártico, a solo 1.300 km del Polo Norte— es territorio noruego desde el Tratado de París de 1920, pero tiene estatus especial: desmilitarizado, abierto a ciudadanos de países firmantes (incluida Rusia), y con presencia rusa significativa en la mina de Barentsburg y en la estación científica Pyramiden.Contexto Geopolítico
Reacciones
La broma de Milanović pone de relieve lo absurdo que se ha vuelto el debate sobre Groenlandia: cuando un presidente europeo sugiere —aunque en tono irónico— que Trump “tome Svalbard” en vez de Groenlandia, queda claro que la obsesión estadounidense por el Ártico ha cruzado el umbral de lo razonable y ha entrado en el terreno del absurdo diplomático.Mientras tanto, Groenlandia sigue diciendo “no” a todos, Svalbard observa desde el hielo, y Rusia se ríe desde Murmansk. El Ártico ya no es solo un lugar frío; es el escenario donde las grandes potencias se pelean por el control… y donde los chistes de presidentes pueden ser más reveladores que los comunicados oficiales.
Fuentes: HRT (Croacia), VG (Noruega), TASS, Politico Europe, NRK (19/01/2026). La crisis ártica suma un nuevo capítulo: el sarcasmo croata.