En una entrevista con periodistas rusos, Peskov dijo textualmente:
«Entendemos perfectamente el razonamiento estadounidense. Si Trump logra hacerse con Groenlandia, sería un golpe muy duro para la OTAN. La alianza ya está fracturada; esto la rompería del todo. Y aunque Trump use a Rusia como excusa para justificar su ambición, nosotros no podemos más que observar con interés cómo Occidente se autodestruye».
La frase no es solo una provocación más del régimen ruso. Es un reconocimiento abierto de que Moscú ve en la obsesión de Trump por la isla ártica una oportunidad estratégica de oro: profundizar la división transatlántica sin tener que mover un dedo.El Cálculo Ruso, Paso a Paso
La Ironía SupremaTrump usa a Rusia como el gran enemigo para justificar su ambición sobre Groenlandia (“rodeada de rusos y chinos”, repite). Pero el Kremlin responde: “Adelante, tómenla. Nos hacen el trabajo sucio al romper la OTAN desde adentro”.Peskov no miente: una acción unilateral estadounidense contra un aliado OTAN sería el principio del fin de la alianza tal como la conocemos.
Y Rusia no necesita invadir; solo esperar a que sus adversarios se devoren entre sí.Mientras tanto, Groenlandia insiste: “No pertenecemos ni a Washington ni a Moscú”. Pero en el tablero ártico, las grandes potencias ya están jugando con su futuro sin preguntarles. Y el portavoz ruso lo resume en una frase: “Entendemos el razonamiento… y nos beneficia”.El deshielo no solo abre rutas marítimas; también abre fracturas en Occidente. Y Rusia está dispuesta a ver cómo se abren más.