En Villa La Angostura, San Carlos de Bariloche, El Bolsón, Lago Puelo y Esquel, los vecinos siguen viendo cómo el humo cubre el cielo, cómo el fuego avanza por laderas imposibles y cómo brigadistas voluntarios, bomberos locales y hasta brigadas mapuches luchan sin recursos suficientes. Mientras tanto, desde Buenos Aires no llega ni una declaración presidencial, ni un comunicado del Ministerio del Interior, ni una conferencia de prensa del jefe de Gabinete. Silencio. Absoluto.Los números que el Gobierno no quiere mencionar
El Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) —dependiente del Ministerio del Interior— reportó ayer que “se mantienen focos activos”, pero no detalló cuántos aviones hidrantes están operando, cuántos brigadistas federales fueron enviados ni si se declaró la emergencia nacional. En la práctica: nada.El silencio que duele más que el humoEl presidente Javier Milei no ha mencionado la palabra “incendio” ni una sola vez en sus últimas apariciones públicas. El ministro del Interior, Guillermo Francos, tampoco. El secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, que debería coordinar la respuesta nacional, permanece invisible. Ni siquiera hay un tuit oficial ofreciendo solidaridad o actualizaciones.Mientras tanto, gobernadores patagónicos como Rolando Figueroa (Neuquén), Claudio Di Tella (Río Negro) y Ignacio Torres (Chubut) han tenido que salir a pedir ayuda internacional, fondos de emergencia y aviones hidrantes prestados de Chile o Brasil porque el Estado nacional no responde. “Estamos solos”, resumió ayer el intendente de El Bolsón, Bruno Pogliano, en una entrevista radial que se viralizó.¿Por qué el Gobierno calla y no actúa?Varias voces coinciden en las razones:
El costo humano y ecológico que nadie quiere asumirMientras el fuego avanza, miles de familias pierden sus casas, sus animales, su fuente de trabajo. Bosques milenarios de ñire, coihue y lenga desaparecen, liberando millones de toneladas de CO₂ y agravando la crisis climática que el propio Gobierno niega o minimiza. Y en el medio: silencio.Los vecinos de la cordillera no piden discursos grandilocuentes. Piden aviones hidrantes, brigadistas federales, recursos reales y un presidente que al menos diga “estamos acá”. Pero eso, por ahora, no llega.El sur arde. Y desde Buenos Aires, solo se escucha el silencio.