1. Bosques nativos que desaparecen para siempreLos bosques andino-patagónicos (bosque templado valdiviano y bosque subantártico) son ecosistemas de crecimiento extremadamente lento. Muchas de las especies dominantes —coihue, ñire, lenga, ciprés de la cordillera, araucaria— tardan entre 200 y 500 años en alcanzar su madurez. Cuando el fuego de alta intensidad consume la copa y el suelo orgánico, la regeneración natural puede fallar por completo.En zonas donde el incendio ha sido catastrófico (como en la cuenca del río Manso, cercanías de El Bolsón y el límite con el Parque Nacional Lago Puelo), se espera:
Estudios del INTA y el CONICET estiman que entre el 30 % y el 60 % de las áreas quemadas en incendios de alta severidad no volverán a ser bosque nativo en menos de 100–150 años, y en algunos casos nunca más.2. Fauna silvestre diezmadaEl huemul, el pudú, el puma, el cóndor andino, el carpintero patagónico y decenas de especies de aves y mamíferos pequeños han perdido hábitat crítico. En las zonas más afectadas:
La recuperación poblacional puede tomar décadas, y en el caso del huemul —ya en peligro crítico— algunos expertos temen que ciertos núcleos locales desaparezcan por completo.3. Suelos degradados y erosión masivaLos incendios de alta severidad queman la materia orgánica del suelo, destruyen la estructura y dejan la superficie hidrofóbica (repelen el agua). Cuando lleguen las lluvias intensas de otoño e invierno:
4. Impacto humano y económico
¿Qué se puede esperar a mediano y largo plazo?
La Patagonia no “volverá a ser la misma”. Algunas postales —el bosque milenario, el huemul en las laderas, el aire puro— podrían convertirse en recuerdos. El fuego no solo quema árboles: borra historia ecológica acumulada durante siglos.Y mientras el sur arde, el silencio oficial desde Buenos Aires continúa. Sin plan de recuperación visible, sin declaración de emergencia nacional, sin recursos masivos enviados. El paisaje herido de la Patagonia no solo es víctima del fuego, sino también de la indiferencia.