En la costa atlántica, Milei posó sonriente, firmó autógrafos, se dejó filmar mientras “disfrutaba del verano argentino” y subió historias a Instagram con frases motivacionales. En la cordillera, el fuego seguía avanzando sin control hacia zonas pobladas, amenazando parques nacionales, comunidades mapuches y pueblos enteros. Ninguna cadena nacional. Ninguna conferencia de prensa desde Olivos o desde Mar del Plata. Ningún anuncio de emergencia. Solo el show presidencial habitual: circo en la playa mientras el bosque muere en silencio.
El circo en la arena
Mientras tanto, en la Patagonia real:
Un Gobierno que elige el meme antes que la emergenciaLa estrategia es clara y ya conocida: distraer, viralizar, mantener la agenda en lo simbólico y lo ideológico mientras las crisis concretas se resuelven (o no) solas. La Patagonia no genera likes masivos, no es tendencia en X, no sirve para confrontar a la “casta”. Por eso Milei puede permitirse estar en la playa: porque el fuego no vota, porque el bosque quemado no tuitea, porque los damnificados del sur no llenan estadios ni suman seguidores.
El Servicio Nacional de Manejo del Fuego sigue con presupuesto licuado y flota insuficiente. La declaración de emergencia nacional brilla por su ausencia. Los gobernadores patagónicos gritan por auxilio y reciben silencio o respuestas evasivas. Y el Presidente, en vez de asumir el rol de jefe de Estado en una catástrofe ecológica y social, elige seguir con su show de verano: baile, gorra, selfie, meme.
Esto no es gestión. Esto es circo puro. Y el pan —el que debería llegar en forma de aviones hidrantes, brigadistas federales, fondos de emergencia y liderazgo real— no llega. Llega humo. Llega ceniza. Llega pérdida irreversible de un ecosistema que tardará siglos en recuperarse, si es que lo hace.Mientras Milei posa en Mar del Plata, la Patagonia se quema.
Y cuando las llamas se apaguen, quedará un paisaje irreconocible, comunidades destruidas y un Gobierno que prefirió el aplauso fácil antes que la responsabilidad dolorosa.El circo puede seguir en la playa. Pero en la cordillera, el fuego no aplaude.