Un cabo primero con antigüedad media, que en diciembre cobraba alrededor de $480.000 líquidos (cifras aproximadas según escalas oficiales), recibirá en febrero unos $40.000 adicionales antes de descuentos. Eso no alcanza ni para cubrir el aumento del alquiler, la luz, el gas y la comida básica en una familia tipo. Un suboficial principal con hijos a cargo verá que su poder adquisitivo sigue retrocediendo mes a mes. Y un oficial subalterno —teniente o capitán joven— que debería ser el futuro comando de las Fuerzas Armadas, cobra menos que un empleado administrativo de una empresa mediana en CABA.¿Cómo es posible este “debut” tan miserable?El argumento oficial es siempre el mismo: “Estamos ordenando las cuentas públicas”, “No hay plata”, “El ajuste es para todos”. Pero hay detalles que indignan:
El costo humano y operativo de esta miseria salarial
El silencio ensordecedor del PresidenteJavier Milei, que no para de hablar de “fuerzas del cielo”, “valores republicanos” y “defensa de la patria”, no ha dicho una sola palabra sobre este aumento irrisorio. Ni un tuit, ni una mención en cadena, ni una foto con un militar en el acto de anuncio. Prefiere seguir con el show mediático, los bailes, las selfies con influencers y las chicanas en redes.
Mientras el bosque patagónico arde sin respuesta federal visible, mientras los sueldos militares se licúan en un 8,5 % que no llega ni al desayuno, el Presidente y su equipo celebran “el orden fiscal” y la “libertad”. Pero la libertad no se defiende con discursos: se defiende con hombres y mujeres bien pagos, equipados y motivados.Este “debut” del Ministerio de Defensa no es un error técnico.
Es una elección política: ajustar a los que no protestan, a los que juraron defender la patria sin pedir nada a cambio. Y esa elección tiene nombre: ingratitud institucional.La patria no se defiende con memes ni con selfies en Mar del Plata. Se defiende con respeto, recursos y dignidad para quienes llevan el uniforme.Por ahora, en Defensa solo hay pan duro y circo viejo. Y el bosque sigue ardiendo. Y los sueldos siguen muriendo.