lunes 02 de febrero de 2026 - Edición Nº455

Nacionales | 1 feb 2026

Argentina

Milei y Villarruel: promesas vacías en defensa a los militares en medio de una crisis sin precedentes

Cuando Javier Milei y Victoria Villarruel irrumpieron en la escena política argentina, lo hicieron con un discurso que resonaba fuerte en los cuarteles: una defensa férrea de las Fuerzas Armadas y de seguridad, posicionándolas como pilares olvidados de la soberanía nacional. Villarruel, hija de un militar y fundadora del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), se presentaba como la guardiana de los uniformados perseguidos por "revanchismo kirchnerista". Milei, por su parte, prometía "revalorizar" a las FF.AA. con un presupuesto digno y el fin de la "criminalización" de su rol histórico. "Llegamos para defender a los militares", repetían en campaña. Pero a más de dos años de gobierno, esa "defensa" parece una ilusión cruel: los soldados enfrentan pobreza histórica, suicidios en serie, un IOSFA al borde del colapso y tarifazos que devoran sus magros salarios. ¿Dónde quedó la protección prometida? La realidad expone una contradicción brutal, donde el dúo libertario usa a las fuerzas como bandera electoral mientras las deja en el abandono.


Las promesas de campaña: un señuelo para captar votosDurante la campaña de 2023, Villarruel no escatimó en elogios y compromisos. En mítines y entrevistas, defendió a los militares de los años 70 como "víctimas de una guerra asimétrica" y prometió revisar las condenas por crímenes de lesa humanidad, cuestionando el consenso democrático sobre la dictadura.

Milei, por su parte, anunciaba un "renacimiento" de las FF.AA. con mayor inversión en equipamiento y salarios competitivos, criticando el "desarme" de gobiernos anteriores. "Vamos a honrar a quienes defienden la patria", decía, subiéndose a tanques en desfiles para fotos virales. Esta narrativa caló hondo en un sector militar desencantado: encuestas internas revelaron que hasta el 70% de las fuerzas votó por La Libertad Avanza, atraídos por la dupla que se autoproclamaba como su salvadora.

Sin embargo, la crítica surge inevitable: ¿fue esto genuino o un cálculo electoral? Analistas opositores y exmilitares retirados argumentan que Milei y Villarruel explotaron el resentimiento castrense para ganar votos, pero una vez en el poder, priorizaron el ajuste fiscal por sobre cualquier "revalorización". El presupuesto de Defensa, lejos de aumentar, se redujo al mínimo histórico: apenas el 0,6% del PBI en 2025, el más bajo desde la vuelta a la democracia en 1983.

Mientras el mundo eleva sus gastos militares ante tensiones globales (alcanzando niveles de la Guerra Fría), Argentina va en contramano, desmantelando su capacidad operativa y dejando a sus fuerzas en un estado de vulnerabilidad alarmante.

La crisis actual: suicidios, miseria y un IOSFA en ruinas

La "defensa" prometida choca de frente con la realidad cotidiana de los uniformados. En diciembre de 2025 y enero de 2026, una seguidilla de al menos cinco suicidios de soldados del Ejército sacudió al país, vinculados a deudas, bajos salarios y falta de contención psicológica.

Estos no son casos aislados: informes de medios independientes hablan de un "éxodo masivo" de personal, con renuncias y bajas voluntarias que dejan guarniciones semivacías. Los salarios reales de cabos y suboficiales —alrededor de $500.000 a $900.000 netos— apenas cubren la canasta básica, empujando a muchas familias militares a la línea de pobreza.Peor aún es la situación del Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas (IOSFA), que arrastra una deuda de más de $200.000 millones y cortes constantes de prestaciones.

Bajo la gestión anterior, el IOSFA estaba saneado; hoy, acumula un pasivo mensual de $19.000 millones, con más de 200 prestadores dados de baja y suspensiones en medicamentos oncológicos. El ministro de Defensa, Luis Petri, recurrió a créditos millonarios para "pagar deudas", pero críticos lo acusan de una "desfinanciación deliberada" que rompe el pacto histórico de protección a los uniformados.

¿Dónde están Milei y Villarruel en esta crisis?

Sus anuncios de "revisiones" y una posible división del IOSFA (con licitación a prepagas para fuerzas de seguridad) suenan a parches tardíos, mientras miles de afiliados pagan planes privados de su bolsillo por la deficiencia del sistema.A esto se suman los tarifazos desproporcionados en servicios públicos —que subieron hasta 594% desde 2023, triplicando la inflación general—, golpeando duramente a familias dispersas en guarniciones remotas. Un suboficial con hijos puede ver evaporarse el 10% de su sueldo solo en luz y gas, sin que el Gobierno ofrezca paliativos específicos para el sector militar.Crítica al dúo: ¿traición o incompetencia?La ironía es palpable: Milei y Villarruel "llegaron para defender a los militares", pero su gestión ha profundizado la miseria y el abandono.

Opositores como el peronismo y sectores de izquierda acusan al Gobierno de una "traición premeditada": usar el discurso pro-militar para captar votos conservadores, mientras aplican un ajuste neoliberal que desarma al Estado, incluyendo sus fuerzas armadas. Villarruel, otrora defensora vocal, ha guardado un silencio cómplice ante la crisis, priorizando su rol vicepresidencial sobre las promesas de campaña. Milei, obsesionado con el "déficit cero", sacrifica el bienestar de los uniformados en el altar del FMI.Esta contradicción no pasa desapercibida en los cuarteles: el malestar crece, con denuncias de "indignación" por la brecha entre retórica y hechos.

En un país con historia de intervenciones militares, ignorar esta erosión podría tener consecuencias impredecibles. ¿Es incompetencia o un plan deliberado para debilitar instituciones que podrían oponerse a un ajuste extremo? Sea como sea, los soldados —esos que Milei y Villarruel juraron proteger— pagan el precio más alto.

En síntesis, la "defensa" de Milei y Villarruel a los militares se revela como un espejismo. Mientras posan en desfiles y tuitean frases grandilocuentes, la realidad es de pobreza, desprotección y desesperanza. Es hora de que el Gobierno pase de las palabras a los hechos, o admita que su "revalorización" fue solo un slogan vacío. Los uniformados, y la nación que defienden, merecen más que promesas incumplidas.

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