lunes 02 de febrero de 2026 - Edición Nº455

Nacionales | 2 feb 2026

Argentina

El silencio ensordecedor de Carlos Presti: ¿complacencia política o abandono deliberado de los militares?

11:38 |Hace semanas que los cuarteles argentinos viven un clima de malestar creciente. Una seguidilla de suicidios de soldados jóvenes, salarios reales pulverizados por la inflación y los tarifazos, un IOSFA al borde del colapso financiero y prestacional, y la sensación generalizada de que el esfuerzo diario de los uniformados no encuentra eco en el Poder Ejecutivo. En medio de este cuadro, hay una ausencia que pesa más que cualquier declaración: el silencio casi absoluto del ministro de Defensa, Carlos Presti.


Mientras el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel siguen siendo referenciados como los “defensores históricos” de las Fuerzas Armadas, el ministro a cargo del área —el hombre que debería estar dando la cara por los haberes, por la obra social y por la contención psicológica de los efectivos— prácticamente no existe en el debate público.

No hay conferencia de prensa, no hay comunicado oficial contundente, no hay reunión masiva con suboficiales o soldados para explicar qué se está haciendo con los sueldos. Solo silencio. Y ese silencio, en un contexto de crisis tan grave, empieza a leerse como algo más que omisión: suena a complacencia política y, lo que es peor, a abandono de personas.

Un ministro que no explica, no defiende, no negocia

Carlos Presti asumió con un perfil bajo y técnico, pero también con la expectativa de que sería el puente entre el discurso pro-militar de la campaña libertaria y la dura realidad presupuestaria del ajuste. Sin embargo, en los momentos más críticos de los últimos meses ha optado por la invisibilidad:

  • Cuando se conocieron los cinco suicidios de soldados entre diciembre 2025 y enero 2026, el Ministerio de Defensa emitió un comunicado genérico de “dolor” y “acompañamiento”, pero no hubo palabra del ministro sobre las causas estructurales: bajos salarios, deudas, falta de contención psicológica.
  • Frente a los tarifazos que devoran entre el 8% y el 15% del haber neto de un cabo o suboficial con familia, Presti no ha anunciado ninguna medida específica para el personal militar (subsidios focalizados, bonos de emergencia, congelamiento temporal de servicios en guarniciones).
  • Sobre la crisis del IOSFA —deuda superior a los 200.000 millones, cortes de prestaciones, medicamentos oncológicos sin cubrir— el ministro ha dejado que la información circule por filtraciones y notas periodísticas, sin asumir públicamente la dimensión del problema ni dar plazos claros.

Este mutismo contrasta brutalmente con la visibilidad que el propio Milei y Villarruel tuvieron durante la campaña, cuando prometían “revalorizar” a las Fuerzas Armadas y terminar con la “criminalización” del uniforme. Hoy, cuando los uniformados más necesitan que alguien los defienda en la mesa chica del poder, el ministro de Defensa brilla por su ausencia.

¿Complacencia política o estrategia deliberada?Hay dos lecturas posibles, y ninguna es halagüeña para Presti:

  1. Complacencia política
    El ministro estaría alineado con la prioridad absoluta del Gobierno: el déficit cero y la reducción del gasto público a toda costa. En ese esquema, cualquier aumento salarial o mejora sustancial para los militares implicaría romper la regla fiscal, algo que el Presidente considera innegociable. Entonces, el silencio sería funcional: no confrontar, no prometer lo que no se puede cumplir, no generar expectativas que después haya que desmentir.
  2. Abandono de personas
    Más grave aún: el silencio puede interpretarse como una forma de abandono. Quienes visten uniforme no son solo números presupuestarios; son personas que arriesgan la vida en fronteras, en misiones de paz, en catástrofes naturales. Cuando un ministro no sale a dar la cara ante una crisis de suicidios, ante familias que no llegan a fin de mes o ante una obra social que se cae a pedazos, está enviando un mensaje implícito: “esto no es prioridad”. Y en una institución jerárquica y sensible al reconocimiento como las Fuerzas Armadas, ese mensaje duele profundamente.

El costo del silencio

El silencio de Presti no es neutral. Está erosionando la confianza que muchos efectivos depositaron en el proyecto libertario. En los grupos de WhatsApp de cuarteles, en las conversaciones de suboficiales y soldados voluntarios, ya no se habla tanto de “el plan de Milei” como de “¿dónde está el ministro?”, “¿quién nos defiende?”.

Ese vacío de liderazgo puede convertirse en resentimiento institucional, y en una fuerza tan sensible a la cadena de mando como el Ejército, la Armada o la Fuerza Aérea, el resentimiento nunca es inocuo.Milei y Villarruel pueden seguir repitiendo que “honran a los militares”, pero mientras el ministro de Defensa permanezca callado frente a la crisis de sueldos y contención, esa frase suena cada vez más hueca. Porque defender no es solo tuitear o posar en desfiles: es asumir la responsabilidad cuando los números no cierran, cuando las familias no llegan a fin de mes y cuando un soldado de 21 años decide quitarse la vida porque no ve salida.El silencio de Carlos Presti ya no es discreción ministerial. Empieza a leerse como complacencia con el ajuste y, lo que es mucho más grave, como abandono de quienes llevan el uniforme. Y en las Fuerzas Armadas argentinas, el abandono nunca termina bien.

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