“Soy Giorgia, soy mujer, soy madre, soy italiana, soy cristiana. ¡Eso no me lo quitarán!”
El mensaje, pronunciado durante un encuentro con militantes y simpatizantes de Fratelli d’Italia en la capital italiana, fue interpretado de inmediato como una rechazo explícito a lo que Meloni y su entorno llaman “la agenda ideológica de Bruselas” y, en particular, a la línea política de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.Contexto de la declaraciónLa frase no es nueva: Meloni la pronunció por primera vez en un discurso viral durante la campaña electoral de 2022 y desde entonces se ha convertido en un símbolo de resistencia cultural y soberanista para sus seguidores. Sin embargo, su repetición ahora —en pleno 2026— tiene un significado político muy concreto:
En el mismo acto, Meloni añadió frases que dejaron poco espacio a la interpretación:
“No vamos a aceptar que desde Bruselas nos digan cómo debemos vivir, qué debemos pensar, qué familia debemos tener o qué valores debemos defender. Italia tiene su historia, su identidad y su pueblo. Y eso no se negocia.”
Reacciones inmediatas
¿Una ruptura definitiva con la UE de von der Leyen?Aunque Meloni mantiene una relación pragmática con Bruselas (Italia sigue dependiendo de los fondos Next Generation EU y de la disciplina fiscal europea), sus declaraciones de hoy refuerzan la percepción de que la primera ministra italiana no está dispuesta a ceder en temas identitarios y de soberanía cultural.El “Soy Giorgia…” no es solo nostalgia de campaña.
Es una declaración de principios que Meloni utiliza cada vez que siente que la Comisión Europea o el establishment liberal europeo intenta imponer una visión única sobre familia, género, religión o identidad nacional.Mientras Ursula von der Leyen apuesta por una Europa más integrada, más verde y más progresista en lo social, Giorgia Meloni responde con una Europa de naciones soberanas que defienden su herencia cultural y religiosa. Y lo hace con la frase que ya es parte del imaginario político europeo: “Soy Giorgia, soy mujer, soy madre, soy italiana, soy cristiana. ¡Eso no me lo quitarán!”El desafío está servido. Y esta vez, no parece ser solo retórica electoral.