jueves 05 de febrero de 2026 - Edición Nº458

Nacionales | 5 feb 2026

Argentina

El sable de San Martín sigue en la polémica, ahora también opinan los "burros" sobre la verdadera historia

13:16 |El sable de San Martín no puede descansar tranquilo ni un solo día. Cada vez que aparece en una foto, en un acto o en una ceremonia, inmediatamente se desata la misma discusión de siempre: unos lo defienden como símbolo intocable de la patria, otros lo usan como trofeo político y un tercer grupo —el más ruidoso y el menos informado— se lanza a opinar con la autoridad de quien nunca leyó una página de historia seria.


Lo que realmente está en juego

El problema no es quién tiene la custodia del sable del Padre de la Patria. El problema es que el sable original —el de verdad, el que San Martín llevó en Chacabuco, en Maipú y en la campaña del Perú— está custodiado por una institución cuyo prestigio y seriedad se han ido desgastando a fuerza de gestos, fotos, complicidades y liviandades.

  • Cuando un jefe del regimiento se pone a hacer morisquetas y jueguitos con el Presidente en actos oficiales, ya está degradando el uniforme.
  • Cuando ese mismo jefe —con el aval o la mirada gorda del ministro de Defensa— decide nombrar Granadero Honorario al Presidente de turno y le entrega una réplica del sable, está poniendo el símbolo más alto de la independencia al servicio de la coyuntura política.
  • Y cuando eso ocurre, el sable original —aunque nadie lo toque— queda expuesto a la misma lógica: pasa a ser percibido como parte del juego de poder del momento.

Eso es lo que indigna de verdad a quienes entienden lo que significa esa espada: no es un objeto decorativo ni un premio de lealtad presidencial. Es la representación física del hombre que renunció a todo por la libertad de varios pueblos. 

Los burros opinando sobre la verdadera historiaAhora abundan los que nunca pisaron el Regimiento, nunca leyeron una biografía seria de San Martín ni conocen la historia del regimiento, pero igual se sienten con autoridad para decir:

  • “¡Es un honor para Milei!”
  • “¡Es una vergüenza que le den el sable a un liberal!”
  • “¡San Martín estaría orgulloso!”
  • “¡San Martín se estaría revolcando en la tumba!”

Todos hablando como si conocieran la intimidad del Libertador, como si tuvieran línea directa con su pensamiento. Ninguno de ellos parece entender que San Martín fue, ante todo, un hombre de principios que despreciaba la adulación, la corte y el uso partidario de los símbolos patrios.San Martín no era de los que se sacaban fotos sonrientes con el poder de turno. Era de los que renunciaba a honores y cargos cuando veía que se usaban para fines personales o facciosos. Por eso dejó el Perú, por eso se fue a Europa, por eso rechazó toda tentación de poder personal.

Entonces no: San Martín no estaría “orgulloso” ni “revolcándose”. Simplemente miraría con tristeza a quienes convierten su sable en un elemento más del folklore político argentino.

La verdadera historia no necesita burros que la interpreten

El sable de San Martín no necesita que lo defiendan los que lo usan como bandera partidaria, ni que lo ataquen los que lo ven como trofeo del enemigo.
Necesita que lo custodien personas que entiendan que ese acero tiene más peso moral que cualquier gobierno, que cualquier presidente y que cualquier ceremonia.Mientras el regimiento siga siendo escenario de gestos de cercanía con el poder de turno, mientras el sable (aunque sea en réplica) se convierta en noticia de campaña, mientras el jefe se permita liviandades que degradan el uniforme, la “verdadera historia” va a seguir siendo pisoteada por los mismos que dicen defenderla.

Y los burros —los de un lado y los del otro— seguirán opinando, gritando y sacando conclusiones sin haberse tomado el trabajo de entender qué significa realmente custodiar ese sable.San Martín no necesita que lo usen.
Necesita que lo respeten. Y hoy, lamentablemente, ese respeto parece estar en falta.

 

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