Hoy, esa misma postal se lee como una ironía cruel.
En las plantas bonaerenses de Newsan-Siam (Avellaneda y Monte Chingolo/Lanús), la empresa despidió a 45 trabajadores y suspendió a otros 70 —casi la mitad del plantel estable de esas instalaciones, que ronda los 150 operarios permanentes—. Los despidos se concretaron bajo la figura de “finalización de contratos a plazo fijo”, muchos de ellos con más de un año de antigüedad, lo que los trabajadores y la UOM Avellaneda califican como despidos encubiertos.La empresa argumenta una fuerte caída de ventas y stock acumulado. Pero el relato choca con datos objetivos: un informe de Moody’s Local de septiembre de 2025 —justo el mes de la visita presidencial— destacaba la buena posición competitiva de Newsan y sus bajos niveles de endeudamiento en el corto y largo plazo.
Los trabajadores no se callan.
“Creemos que están esperando que llegue el 11 de febrero con la reforma laboral para ver cómo la empresa mejora sus intereses, con nosotros en la calle”, declaró Alejandra Vercellino, operaria metalúrgica, en diálogo con Página/12. Tras una asamblea y negociación con la UOM, se logró un acuerdo transitorio: suspensiones al 85% del salario durante febrero y preservación de puestos por ese mes. Marzo, sin embargo, aparece como un abismo sin garantías.Este no es un caso aislado en Newsan. En noviembre de 2025, apenas un mes después de la foto feliz en Ushuaia, la planta fueguina ya había despedido a más de 150 trabajadores. El contraste es brutal: la empresa que Milei mostró como ejemplo de futuro industrial fue golpeada primero en Tierra del Fuego y ahora en el conurbano.
El contexto que no se menciona en las fotos oficiales
La situación de Newsan se inscribe en una ola más amplia de destrucción de empleo industrial que atraviesa 2025-2026: apertura acelerada de importaciones, recesión profunda, caída brutal del consumo interno, pérdida de poder adquisitivo y desfinanciamiento de regímenes promocionales (como el de Tierra del Fuego). Empresas que antes se beneficiaban de protecciones hoy enfrentan competencia desleal de productos asiáticos más baratos, mientras el mercado local se achica día a día.En ese marco, los telegramas de despido y las suspensiones masivas no son “mala suerte empresarial”. Son síntomas de un modelo que prioriza la disciplina fiscal y la apertura comercial por sobre la preservación del tejido productivo y el empleo. Y cuando una foto de campaña se convierte en meme de tragedia obrera, el contraste duele más.
La postal final
Aquellos trabajadores que posaron sonrientes junto al presidente hoy están sin ingresos o con el salario recortado al 85%, esperando marzo como quien espera un veredicto. La foto de septiembre de 2025 no era una promesa de futuro; era, en retrospectiva, el comienzo de su pesadilla.Mientras tanto, la Argentina sigue contando despidos por miles en la industria. Y las imágenes felices de campaña siguen envejeciendo muy mal.