Nacionales | 7 feb 2026
Argentina
Los liberales siempre odiaron el reconocimiento de San Martín a Rosas: el sable que nunca pudieron digerir
11:22 |Desde hace casi dos siglos, una de las decisiones más incómodas del general José de San Martín sigue siendo un hueso atragantado para el liberalismo argentino clásico y sus herederos ideológicos: el legado de su sable corvo a Juan Manuel de Rosas.
En su testamento holografo de 1848, redactado en Boulogne-sur-Mer con plena lucidez a los 70 años, el Libertador dispuso en su tercer artículo:
“El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.”
El gesto no fue casual ni producto de la senilidad, como algunos intentaron insinuar después. San Martín admiraba explícitamente la resistencia de Rosas frente al bloqueo anglo-francés del Río de la Plata (1838-1840 y 1845-1848), cuando las potencias europeas pretendían imponer tratados leoninos y abrir los ríos interiores al comercio extranjero. Para el Libertador, que había luchado toda su vida por la soberanía política y económica de los pueblos americanos, esa defensa era la continuación natural de la independencia que él había iniciado.
Pero ese reconocimiento resultó intolerable para el sector que, desde la caída de Rosas en Caseros (1852), construyó la narrativa oficial de la historia argentina: el liberalismo mitrista, unitario y porteñocéntrico.
El odio que atravesó generaciones
- Bartolomé Mitre y sus seguidores sistemáticamente minimizaron o silenciaron la relación San Martín–Rosas. En la “Historia de San Martín” de Mitre, el testamento y el sable prácticamente desaparecen o se tratan como anécdota menor. El objetivo era claro: preservar a San Martín como ícono “civilizado”, europeizante y liberal, y no como alguien que apoyaba a un caudillo federal acusado de “barbarie” y “tirania”.
- Domingo F. Sarmiento, otro pilar del liberalismo decimonónico, destiló un rechazo visceral hacia Rosas y todo lo que oliera a federalismo popular. Para él y su círculo, el sable entregado al “Restaurador” era una afrenta simbólica que había que invisibilizar.
- Durante décadas, la historiografía oficial enseñó en los colegios una versión expurgada: San Martín era el héroe apolítico, Rosas el dictador sangriento. El testamento y la admiración mutua entre ambos quedaban fuera del relato.
Ese rechazo no fue solo académico. Fue político y cultural. El sable simbolizaba que el mayor héroe de la independencia argentina no alineaba con los salones ilustrados de Buenos Aires, Londres o París, sino que reconocía en un caudillo del interior —federal, proteccionista, defensor de la soberanía— al continuador de esa lucha. Y eso dinamitaba el canon liberal que dominó la Argentina desde 1852 hasta bien entrado el siglo XX.
El revisionismo y la vuelta del debate