Las declaraciones se produjeron durante un foro de defensa en Ottawa organizado por el Conference of Defence Associations Institute y Catalyze4, en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica: tensiones con Rusia y China en el Ártico, el fin del tratado New START, y —sobre todo— las repetidas declaraciones del presidente Donald Trump sobre Groenlandia, el Ártico y la posibilidad de que Canadá pase a ser el “estado 51” de Estados Unidos.Eyre fue claro:
“Argumentaría que nunca tendremos verdadera independencia estratégica sin nuestro propio disuasivo nuclear. [...] Aquí en Canadá, mantengamos nuestras opciones abiertas.”
No pidió desarrollar armas nucleares de inmediato, sino que no se descarte la posibilidad en el futuro, especialmente ante un aliado estadounidense que percibe cada vez más impredecible bajo la administración Trump.Respuesta inmediata del gobierno canadiense: rotundo rechazoEl ministro de Defensa, David McGuinty, respondió al día siguiente (3 de febrero de 2026) con una declaración tajante:
“Canadá no tiene absolutamente ninguna intención de perseguir armas nucleares. Seguimos comprometidos con el Tratado de No Proliferación Nuclear, que firmamos y ratificamos a fines de los años 60. Canadá es y seguirá siendo un estado no nuclear.”
McGuinty enfatizó que los esfuerzos se centrarán en fortalecer las Fuerzas Armadas Canadienses con capacidades convencionales, no en un programa nuclear que violaría tratados internacionales y rompería décadas de política exterior.¿Por qué surge esta idea ahora?El comentario de Eyre llega en un momento de alta sensibilidad:
Canadá no posee armas nucleares propias desde que rechazó mantenerlas en su territorio durante la Guerra Fría. Tiene capacidades técnicas (uranio, reactores, conocimiento científico), pero la decisión política y legal siempre fue no proliferar.Reacciones y realidad práctica
En resumen: un exgeneral de alto rango planteó la idea como opción teórica de largo plazo para preservar soberanía, pero el gobierno de Canadá la rechazó de inmediato y de forma categórica. Por ahora, la única “arma nuclear” que Canadá tiene es la palabra oficial: no.