“La gran mayoría de las armas de alto poder que usan los grupos delictivos organizados provienen del mercado legal e ilegal de Estados Unidos. Ese es el origen real del poder de fuego que enfrentamos todos los días en el territorio nacional.”
La acusación no es nueva, pero el tono directo y la timing —justo cuando la administración Trump endurece su retórica contra México por fentanilo, migración y narcotráfico— la convierten en un misil diplomático.Los números que respaldan la denunciaSegún datos oficiales del Ejército Mexicano y la Fiscalía General de la República (actualizados a 2025-2026):
El secretario Sandoval fue explícito: mientras el gobierno mexicano combate con recursos limitados y bajo presión internacional, el flujo masivo de armas desde el norte alimenta directamente la capacidad ofensiva de los cárteles, convirtiéndolos en fuerzas cuasi-militares que superan en fuego a muchas unidades federales.El contexto que enciende la polémicaLa declaración llega en un momento de máxima tensión:
¿Qué responde Washington?
Hasta ahora, la Casa Blanca y el Departamento de Estado han evitado una respuesta directa a las palabras de Sandoval, limitándose a repetir que “México debe hacer más contra los cárteles” y destacando la cooperación bilateral en decomisos y extradiciones. Sin embargo, fuentes del Pentágono y del Departamento de Justicia reconocen en privado que el flujo de armas es un problema real, aunque insisten en que “la responsabilidad principal recae en los gobiernos que permiten que los cárteles operen”.El mensaje que queda flotandoCon esta declaración, México no solo apunta al origen del armamento: está diciendo en voz alta lo que muchos piensan en silencio: sin el arsenal que entra desde el norte, los cárteles serían mucho menos letales.
Es un reclamo de corresponsabilidad que pone el foco donde, según la SEDENA, está el verdadero poder de fuego.Mientras tanto, en las calles de México siguen cayendo soldados, policías y civiles en enfrentamientos donde el calibre .223, .308 y .50 BMG —made in USA— marca la diferencia. La pregunta ya no es si México puede ganar la guerra contra el narco… sino si Estados Unidos está dispuesto a cerrar la llave del armamento que la alimenta.