Orígenes: de cohete espacial a arma estratégicaEl programa se inició en la década de 1970 bajo la órbita de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), con el objetivo inicial de desarrollar un lanzador satelital de propulsión sólida. La Fuerza Aérea Argentina buscaba autonomía en tecnología aeroespacial, inspirada en avances previos como cohetes experimentales y el motor Cóndor I.Tras la Guerra de Malvinas (1982), el proyecto sufrió una reconversión radical. La derrota expuso la vulnerabilidad argentina en proyección de poder y disuasión estratégica. La Fuerza Aérea, bajo el mando del brigadier Ernesto Crespo, impulsó el Cóndor II como un misil balístico de alcance intermedio (inicialmente 800-1.000 km, escalable a 2.000 km) con capacidad para llevar cargas útiles de hasta 500 kg. El objetivo declarado era disuasión sobre las islas Malvinas ocupadas, aunque oficialmente se mantuvo como "inyector satelital".El desarrollo se concentró en la planta de Falda del Carmen (Córdoba), con colaboración internacional clave:
Argentina alcanzó avances significativos: motores de combustible sólido de alto rendimiento, toberas de materiales compuestos, aerodinámica hipersónica y guiado básico. Se construyeron prototipos y se realizaron pruebas parciales.La trama secreta y las conexiones internacionalesEl proyecto fue altamente secreto durante la dictadura y parte del gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989). Se financió con fondos extrapresupuestarios y se vinculó a redes internacionales controvertidas. Irak participó activamente hasta 1988-1989, buscando tecnología para su propio programa misilístico (que luego usó en la Guerra del Golfo).La reconversión militar generó alarma global:
La cancelación: presiones externas y decisión políticaLa caída definitiva ocurrió bajo el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). En 1990-1991, tras la Guerra del Golfo y la confirmación de vínculos iraquíes con el Cóndor II, Estados Unidos ejerció presión intensa:
El 28 de mayo de 1991, el ministro de Defensa Antonio Erman González anunció la cancelación total: desactivación, desmantelamiento, reconversión o inutilización irreversible del proyecto. Se destruyeron motores, carcazas, planos y prototipos. La empresa INTESA (que administraba el proyecto) se disolvió, y cientos de científicos e ingenieros fueron dispersados o reconvertidos a proyectos civiles.Argentina adhirió formalmente al MTCR en 1993, marcando el fin de cualquier ambición misilística independiente.Legado truncado y consecuenciasEl Cóndor II dejó una herencia mixta:
Hoy, el Cóndor II se recuerda como un sueño frustrado de soberanía tecnológica, abortado por la combinación de crisis económica interna (hiperinflación de fines de los 80), alineamiento automático con EE.UU. en los 90 y presiones geopolíticas internacionales. Su historia truncada simboliza las limitaciones de un país semiperiférico que, por un breve período, estuvo cerca de alcanzar un nivel de desarrollo militar y espacial comparable al de potencias medianas.Fuentes principales incluyen investigaciones como el libro de Pablo de León ("El proyecto del misil Cóndor: Su origen, desarrollo y cancelación") y trabajos académicos de Daniel Blinder, que reconstruyen la trama con documentos desclasificados y testimonios directos. El Cóndor II no fue solo un misil: fue un intento fallido de romper la dependencia estratégica en un continente marcado por asimetrías de poder.