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«Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania llevó a cabo un exhaustivo reconocimiento de los crímenes nazis y aprobó leyes que prohíben las expresiones y acciones que promueven la ideología nazi. Pero Japón aún rinde homenaje a los criminales de guerra de Clase A, consagrados como los llamados ‘heroicos’. Esta diferencia de actitud hacia la historia es la raíz de muchas tensiones en Asia Oriental hoy.»
La frase no es casual. Wang Yi la pronunció en el marco de una nueva escalada diplomática entre Pekín y Tokio, justo cuando Japón —bajo el liderazgo de la primera ministra Sanae Takaichi— ha endurecido su postura hacia China y ha incrementado ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos, Australia y Filipinas en el Indo-Pacífico.El trasfondo histórico que Pekín no olvidaChina utiliza sistemáticamente la memoria de la Segunda Guerra Sino-Japonesa (1937-1945) como arma diplomática. Los puntos clave que Pekín repite una y otra vez:
Reacción en Tokio y el mensaje implícitoEl Ministerio de Asuntos Exteriores japonés respondió con su fórmula habitual: “Lamentamos profundamente que China siga utilizando la historia como herramienta política”. Fuentes diplomáticas japonesas calificaron las palabras de Wang Yi como “provocación innecesaria” en un momento en que ambos países mantienen canales de diálogo económico y de seguridad.Sin embargo, el mensaje de Pekín va más allá de la memoria histórica: es una advertencia estratégica. Al resaltar la “falta de arrepentimiento” japonés, China busca:
Un contraste que duele en AsiaMientras Alemania es vista en Europa y el mundo como modelo de reconciliación (Vergangenheitsbewältigung), Japón sigue siendo percibido en China, Corea y partes del Sudeste Asiático como un país que “no ha cerrado el capítulo” de su pasado imperial. Esta percepción no solo es histórica: es una herramienta activa en la geopolítica actual.La declaración de Wang Yi no busca diálogo; busca recordarle al mundo —y especialmente a Tokio— que, para Pekín, la historia no es pasado: es munición presente en la lucha por el liderazgo en Asia. Y mientras el Yasukuni siga recibiendo ofrendas y los libros de texto japoneses eviten detalles incómodos, China seguirá repitiendo la misma pregunta incómoda: ¿por qué Alemania pudo y Japón no?