Las declaraciones que marcan el cambioDurante la recepción del primer ministro chino Li Qiang en París (enero 2026) y en la cumbre UE-China de Bruselas (febrero 2026), los líderes franceses repitieron el mensaje con claridad:
- Emmanuel Macron (en la cena oficial):
“China es una superpotencia con la que Europa debe hablar de igual a igual. Desacoplarse totalmente sería un error estratégico histórico.”
- Jean-Noël Barrot (ante la Asamblea Nacional, 17 de febrero 2026):
“Valoramos el papel de China como superpotencia responsable. No estamos en una lógica de bloqueo ni de guerra fría. Queremos una relación madura, basada en reciprocidad y respeto mutuo.”
- Sébastien Lecornu (ministro de Defensa):
“China ha demostrado capacidad de proyección global y tecnológica. Es una superpotencia que no podemos ignorar ni tratar como adversario permanente.”
¿Por qué Francia elige este camino ahora?
- Realismo económico brutal
China es el tercer socio comercial de Francia (tras Alemania y EE.UU.). Empresas como Airbus (más de 500 pedidos pendientes), LVMH (China representa el 25-30 % de ventas globales), TotalEnergies, EDF y Sanofi dependen del mercado chino. Un desacople total sería suicida para la economía francesa.
- La doctrina de “autonomía estratégica”
Macron lleva años repitiendo que Europa no puede ser “vasalla” de EE.UU. Reconocer a China como superpotencia es coherente con esa visión: tratar a Pekín como igual, no como enemigo subordinado.
- Equilibrio en el Indo-Pacífico
Francia mantiene territorios soberanos en el Pacífico (Nueva Caledonia, Polinesia Francesa) y bases militares en el Índico (Reunión). Quiere evitar una confrontación directa con China y prefiere diálogo + disuasión antes que alineamiento total con Washington.
- Desconfianza hacia Trump 2.0
La imprevisibilidad de la segunda presidencia Trump (aranceles, amenazas a la OTAN, giro aislacionista) empuja a París a buscar socios alternativos. China, con su peso económico y su rechazo al unilateralismo estadounidense, aparece como contrapeso necesario.
Límites claros: no es amor incondicionalFrancia valora a China como superpotencia, pero pone límites firmes:
- Condena las violaciones de derechos humanos en Xinjiang y Hong Kong.
- Defiende la libertad de navegación en el Mar del Sur de China y participa en ejercicios navales con EE.UU., Japón, Australia e India (La Perouse, Pacific Steller).
- Apoya restricciones europeas a Huawei 5G y vehículos eléctricos chinos subsidiados.
- Critica el apoyo chino a Rusia en Ucrania (suministro de componentes dual-use).
En resumen: Francia reconoce a China como superpotencia por puro realismo estratégico, pero lo hace desde una posición de “pragmatismo vigilante”: diálogo sí, subordinación no, confrontación total tampoco. Es la eterna “tercera vía” francesa en acción.Mientras EE.UU. y China se miran como rivales existenciales, París se planta en el medio y dice: “Nosotros hablamos con todos… y negociamos con quien haga falta”. Un mensaje que irrita en Washington y genera respeto (y sospecha) en Pekín.¿Está naciendo la Europa “independiente” que Macron sueña… o es solo diplomacia de supervivencia? El tiempo lo dirá. Pero una cosa es segura: Francia ya no se esconde a la hora de llamar a China por su nombre: superpotencia.