La declaración, difundida a través de canales oficiales como TASS y RIA Novosti, fue atribuida a un alto funcionario del Estado Mayor General ruso (sin nombre público por seguridad):
“Afganistán es un socio estratégico de Rusia. Si Kabul decide permitir una base militar estadounidense en su territorio, consideraremos que se trata de una amenaza directa a nuestros intereses en Asia Central. En ese caso, Rusia se verá obligada a aumentar significativamente su apoyo militar al Emirato Islámico, incluyendo el suministro de sistemas de defensa aérea, drones de combate, misiles guiados de precisión y otras tecnologías avanzadas que actualmente no hemos entregado.”
Contexto de la oferta estadounidenseLa propuesta de EE.UU. de reestablecer una base militar en Kabul (o en Bagram) surgió públicamente en enero de 2026, tras la llegada de la administración Trump 2.0. Los objetivos declarados por Washington son:
El Talibán ha mantenido una postura ambigua: rechaza formalmente “bases extranjeras permanentes”, pero ha aceptado reuniones de alto nivel con delegaciones estadounidenses y ha permitido vuelos humanitarios y de inteligencia.¿Qué armas avanzadas podría enviar Rusia?Según analistas militares rusos y reportes de inteligencia occidental, un escenario de escalada incluiría:
Rusia ya mantiene vínculos militares con el Talibán desde 2021: venta de combustible para aviación, repuestos para helicópteros Mi-17 capturados en 2021 y entrenamiento limitado de pilotos afganos en Rusia.Reacciones inmediatas
¿Realidad o bluff geopolítico?Rusia tiene interés estratégico en mantener a Afganistán fuera de la órbita estadounidense, pero enviar armas avanzadas al Talibán implicaría riesgos enormes:
Sin embargo, la amenaza sirve como disuasión preventiva: obliga a los talibanes a pensar dos veces antes de aceptar una base estadounidense, mientras Rusia mantiene su influencia sin comprometerse inmediatamente.El mensaje desde Moscú es claro: Afganistán no será el nuevo Bagram de EE.UU. sin pagar un alto precio. Y en este juego de ajedrez geopolítico, Putin mueve piezas pesadas… y el Talibán sabe que no puede ignorarlas.