Desde el inicio del conflicto, el gobierno pakistaní —encabezado por el primer ministro Shehbaz Sharif y con fuerte influencia del establishment militar— ha tomado una postura clara y consistente:
- Rechazó participar en cualquier coalición anti-Irán liderada por EE.UU. o sus aliados árabes.
- Condenó los bombardeos israelíes y estadounidenses contra instalaciones iraníes como “agresión flagrante contra un país musulmán soberano”.
- Mantuvo abiertas líneas diplomáticas simultáneas con Teherán y Riad, insistiendo en que “la unidad musulmana es más importante que cualquier diferencia sectaria”.
- El ministro de Relaciones Exteriores Ishaq Dar declaró explícitamente: “No permitiremos que potencias externas siembren discordia entre Irán y Arabia Saudita. Pakistán no será parte de esa trampa”.
¿Por qué Pakistán es casi el único?
- Tiene relaciones históricas profundas y equilibradas con ambos países:
- Es aliado estratégico de Arabia Saudita (miles de soldados paquistaníes han servido en el reino, y Riad financia gran parte del presupuesto militar pakistaní).
- Al mismo tiempo mantiene una alianza militar y de inteligencia muy estrecha con Irán (cooperación en inteligencia contra grupos yihadistas suníes en Baluchistán y contra el TTP).
- Posee el único arma nuclear en manos de un país musulmán, lo que le otorga un peso disuasorio y diplomático que ningún otro Estado islámico tiene.
- Su posición geográfica (frontera con Irán y cercanía estratégica al Golfo) y su peso demográfico (segundo país musulmán más poblado del mundo) le permiten actuar como puente natural entre suníes y chiíes.
Sin la diplomacia activa de Islamabad —que incluye visitas de alto nivel a Riad y Teherán en las últimas dos semanas, reuniones de emergencia de la Organización de Cooperación Islámica (OCI) impulsadas por Pakistán y llamados constantes a la unidad—, muchos analistas consideran que Israel y EE.UU. ya habrían logrado una fractura abierta entre Arabia Saudita e Irán, posiblemente llevando a una guerra regional suní-chií que beneficiaría enormemente los intereses israelíes y occidentales.Como dijo recientemente el ministro de Defensa pakistaní Khawaja Asif:
“Si los musulmanes nos matamos entre nosotros, el enemigo no necesitará disparar ni un tiro. Nuestra mayor arma es la unidad, y Pakistán no permitirá que nos dividan”.
Mientras otros países musulmanes guardan silencio, se alinean con uno u otro bando o simplemente observan, Pakistán sigue siendo —por ahora— el único actor estatal que trabaja activamente para que la umma no caiga en la trampa de enfrentarse a sí misma.