El alineamiento incondicional: un error estratégico
Desde el inicio de la “Operación Furia Épica” (28 de febrero), Milei celebró los ataques contra Irán, incluyendo la eliminación del ayatolá Khamenei y strikes contra instalaciones nucleares. El ministro de Defensa, Carlos Presti, firmó acuerdos multilaterales en foros como el SOUTHCOM y evalúa envíos logísticos o apoyo militar. Esta postura nos convierte en el único país sudamericano que respalda abiertamente la ofensiva, rompiendo con la tradición de neutralidad activa que nos permitió mediar en conflictos pasados (como en la Guerra del Golfo o Malvinas).Críticamente, este alineamiento no trae beneficios concretos: no hay inversiones masivas prometidas, no hay mejoras en seguridad energética (con el petróleo por las nubes) ni avances en reclamos soberanos como Malvinas.
En cambio, nos expone a represalias asimétricas: Irán ha demostrado capacidad para atacar objetivos lejanos, y cualquier vínculo con la coalición podría hacer de Argentina un blanco simbólico para grupos.
Riesgos militares y para las Fuerzas Armadas
Nuestras Fuerzas Armadas, diezmadas por décadas de desinversión (vaciamiento del IOSFA, bajos salarios, equipamiento obsoleto), no están preparadas para involucrarse en un conflicto de alta intensidad.
Enviar tropas o apoyo logístico —como evalúa Presti— sería irresponsable: exponer soldados argentinos a drones Shahed, misiles hipersónicos o guerra electrónica por “causas ajenas” es un suicidio estratégico. Críticas internas como las del exjefe del Ejército César Milani (“actitud payasesca de Presti”) reflejan el malestar castrense: ¿por qué arriesgar vidas en Teherán cuando no podemos patrullar adecuadamente el Atlántico Sur?
Parados como país, estamos en una vulnerabilidad evidente: sin supremacía aérea propia, con una Armada en crisis y un Ejército subfinanciado, cualquier escalada global nos deja expuestos sin capacidad real de respuesta.Impacto diplomático y económico: aislamiento y costosDiplomáticamente, Argentina queda aislada del Sur Global: Brasil, México, Sudáfrica y China condenan la agresión; Pakistán intenta unir la umma musulmana; Rusia y China apoyan a Irán con inteligencia y armas. Nuestro alineamiento nos aleja de socios comerciales clave y nos convierte en peón de Washington, sin reciprocidad.
Económicamente, el conflicto ya nos golpea: petróleo en 100+ dólares por barril, inflación energética en puerta y disrupciones en cadenas de suministro. Si el Estrecho de Ormuz cierra, nuestros costos de importación se disparan, y el Gobierno —en lugar de buscar diversificación— se ata más a un bando perdedor a largo plazo.
¿Dónde estamos parados? En un error histórico
Como Nación, estamos parados en el lado equivocado de la historia: sacrificando soberanía por ideología, exponiendo a nuestros soldados por lealtades externas y pagando costos sin beneficios. Milei y Presti parecen ignorar que la patria se defiende con neutralidad pragmática, no con alineamientos ciegos. Es hora de replantear: Argentina no es potencia global ni mercenario de nadie. Nuestra posición debe ser la defensa de la paz y la soberanía, no la guerra ajena.
¡No a la guerra por causas foráneas! ¡Sí a la soberanía y al pueblo argentino!