No es por falta de recursos (aunque no los hay), ni por la desinversión histórica que arrastra la institución. Es por algo mucho más grave y visible: su conducta pública y sus prioridades están erosionando la confianza que el pueblo y los propios uniformados tienen en la conducción política de la Defensa.
Los hechos que hablan solos
¿Qué queda de la credibilidad castrense?
Cuando el ministro de Defensa sale a bancar los privilegios del Jefe de Gabinete,l mientras los soldados cobran menos que un changuito de supermercado y los retirados y pensionados, luchan por medicamentos básicos, se rompe algo muy profundo:
Presti no está defendiendo las Fuerzas Armadas: las está usando como escudo para proteger la narrativa del gobierno. Y eso tiene un costo altísimo: la credibilidad.
Cuando un ministro de Defensa prioriza salvar la imagen de Adorni, antes que ordenar los sueldos, el IOSFA y la dignidad de los que visten uniforme, está haciendo algo mucho más grave que un error de gestión: está poniendo en jaque la confianza que el país tiene en su institución armada.Y esa confianza, una vez perdida, no se recupera con discursos ni con fotos. Se pierde para siempre.Las Fuerzas Armadas argentinas merecen un ministro que las defienda a ellas, no que las use para defender a otros
.Mientras tanto, la pregunta sigue flotando en cuarteles y retirados:
¿Hasta cuándo vamos a permitir que un ministro ponga en riesgo la credibilidad de la institución solo para salvar la cara del Gobierno?