¿De dónde salen?
La respuesta es tan clara como incómoda: China.Según reveló Reuters, Irán estaba en conversaciones avanzadas para adquirir misiles antibuque supersónicos directamente de China. Global Defense Corps informó que Pekín envió en secreto al menos 5.000 millones de dólares en armamento a Irán desde el comienzo del conflicto. El propio ministro de Relaciones Exteriores iraní lo admitió sin rodeos: llamó a China “socio estratégico” y reconoció la “cooperación militar” entre ambos países.
En otras palabras: mientras Estados Unidos e Israel bombardean depósitos y plataformas de lanzamiento, China sigue reponiendo el arsenal iraní en tiempo real.Esto explica por qué Irán puede mantener un ritmo de fuego sostenido a pesar de los intensos ataques aéreos. No se trata solo de misiles que “sobrevivieron”.
Se trata de misiles que siguen llegando.El Pentágono destruye lo que ve en tierra.
China repone lo que se gasta.
Y el resultado es una guerra que, en lugar de apagarse, se mantiene alimentada desde el otro lado del mundo.Este es el verdadero tablero: mientras Occidente pelea una guerra convencional, China juega una guerra de desgaste por proxy, suministrando tecnología y armas sin poner un solo soldado en el campo de batalla.Los misiles que “no deberían existir” sí existen.
Y seguirán existiendo mientras China decida que Irán debe seguir disparando.Una guerra que se suponía que iba a ser corta se está convirtiendo en un pozo sin fondo, precisamente porque alguien sigue llenándolo desde afuera.