Y hasta ahora… nada.
Ni un solo informe parcial, ni una sola conclusión pública, ni una sola cabeza rodando. Lo único que se ha visto es que el famoso 0,35 % de refrigerio sigue destinado exclusivamente al personal en actividad del AMBA, dejando afuera a miles de retirados y pensionados que más lo necesitan.Mientras tanto, los retirados y la familia militar siguen esperando medicamentos que no llegan, tratamientos que se demoran y prestaciones que se recortan.
Y los militares en actividad ven cómo sus aportes se evaporan en un sistema que nadie audita de verdad. La auditoría prometida se parece cada vez más a una cortina de humo. Anunciarla sirve para calmar a la tropa y a los retirados por un rato. Pero no ejecutarla deja todo exactamente como estaba: un IOSFA opaco, ineficiente y profundamente injusto.“No me quemes”, parece ser el mensaje implícito.
No me exijas resultados concretos. No me pidas nombres. No me pidas que realmente ordene las cuentas. Solo déjenme anunciar la auditoría para que parezca que estamos haciendo algo.Porque si realmente auditaran el IOSFA con seriedad, saldrían a la luz años de desmanejos, gastos innecesarios, obras sociales paralelas y privilegios que nada tienen que ver con la salud de los uniformados.
Y eso, claramente, quema.
Mientras tanto, los que usaron uniforme toda su vida y arriesgaron todo por el país siguen esperando que alguien, alguna vez, les cumpla con algo tan básico como una obra social digna.La auditoría prometida del IOSFA ya no convence a nadie.
Es hora de que dejen de anunciar y empiecen a mostrar resultados.O al menos que dejen de prometer lo que claramente no tienen intención de cumplir.Porque los militares y retirados ya no quieren más anuncios.
Quieren respuestas.
Y sobre todo, quieren dejar de ser los últimos de la fila.