Editorial | 27 mar 2026
Adorni y la descomposición de un gobierno podrido
18:37 |El gobierno de Javier Milei, que llegó al poder con la bandera de la lucha contra la “casta” y la promesa de una revolución liberal, muestra cada vez con mayor claridad los síntomas de una descomposición acelerada. Y en el centro de esa putrefacción aparece con fuerza el nombre de Manuel Adorni, actual jefe de Gabinete y uno de los rostros más visibles de la administración.
Lo que comenzó como un discurso disruptivo y antisistema se está convirtiendo, en la práctica, en un gobierno cada vez más parecido a aquellos que tanto criticaba: lleno de privilegios, explicaciones evasivas, enriquecimiento sospechoso y una creciente desconexión con la realidad que vive la mayoría de los argentinos.
Adorni, quien durante años fue la voz más dura y elocuente del mileísmo en los medios, encarna hoy paradójicamente la hipocresía del proyecto. Mientras el gobierno aplica un ajuste brutal que licúa salarios, aumenta el desempleo y reduce drásticamente el poder adquisitivo de la población, el jefe de Gabinete se ve envuelto en denuncias por viajes en aviones privados, gastos excesivos con tarjetas oficiales y una evolución patrimonial que muchos consideran incompatible con su sueldo público.
En su reciente conferencia de prensa, Adorni se presentó con la misma soberbia de siempre: “todo está impecable”, “no tengo nada que esconder”, mientras evadía respuestas concretas y atacaba a los periodistas que le preguntaban por los hechos. Esa actitud no hace más que confirmar lo que muchos ya perciben: el gobierno no solo está perdiendo apoyo popular, sino que está podrido por dentro.
La permanencia de Adorni en un cargo tan sensible como la Jefatura de Gabinete, a pesar de los escándalos y de que incluso voces cercanas al oficialismo (como su propio biógrafo Nicolás Márquez) han pedido públicamente su renuncia argumentando que “está haciendo daño”, revela la profundidad de la crisis interna. Mantenerlo es una señal clara de que en este gobierno la lealtad personal y la protección del círculo íntimo pesan más que la coherencia ideológica o la ética pública.
Esta no es solo la historia de un funcionario cuestionado. Es la manifestación de un proceso más amplio de descomposición:
- Un gobierno que prometió terminar con los privilegios de la política y hoy defiende con uñas y dientes los de sus propios funcionarios.
- Una administración que llegó con discurso anti-casta y que rápidamente está formando su propia casta libertaria.
- Un proyecto que se presentó como moralmente superior y que ahora se hunde en explicaciones turbias, negacionismo y ataques a quien se atreve a preguntar.
Adorni no es la causa de la podredumbre, pero sí es uno de sus símbolos más visibles. Su figura representa la distancia cada vez mayor entre el relato fundacional del mileísmo (“vengo a dinamitar todo”) y la realidad de un gobierno que, a poco más de dos años de gestión, ya muestra claros signos de agotamiento, contradicciones internas y pérdida de brújula ética.
Cuando un gobierno que se vendió como la gran renovación comienza a defender lo indefendible y a proteger a sus funcionarios cuestionados con el mismo argumento de “opereta” que tanto criticaba en el pasado, queda claro que el proceso de descomposición ya está en marcha.