Entre 2012 y 2015, Ajmechet publicó una serie de tuits en los que expresaba con total claridad su desprecio hacia la causa Malvinas y hacia símbolos nacionales. El más grave y explícito fue el del 2 de abril de 2015, Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas:
“La creencia en que Las Malvinas son argentinas es irracional, es sentimental. Los datos históricos no ayudan a creer eso.”
Con esa frase, Ajmechet no solo escupió sobre la tumba de los 649 argentinos que murieron defendiendo la soberanía nacional. También atacó directamente el sentimiento más profundo y transversal que aún une a los argentinos: la convicción de que Malvinas son y serán argentinas.
No fue un desliz. Fue parte de un patrón sistemático. En otros tuits de esa época, Ajmechet llegó a afirmar que “Las Malvinas no existen”, que “Las Falkland Islands son de los kelpers” y que Argentina debería dejar de reclamarlas. Incluso expresó rechazo hacia la bandera argentina, llegando a decir en tono provocador que le generaba repulsión.
Hoy, esta misma persona ocupa una banca en el Congreso de la Nación. Una diputada que cobra un sueldo pagado por todos los argentinos se permitió cuestionar, relativizar y hasta burlarse de la causa más legítima que tiene nuestro país en materia de soberanía territorial.
Esto no es “libertad de expresión”. Es desprecio abierto hacia la historia, hacia los caídos y hacia el pueblo que sigue sintiendo Malvinas como una herida abierta. Es una falta de respeto mayúscula hacia los veteranos que dieron todo en 1982 y que aún hoy luchan por reconocimiento y dignidad.
Lo más grave es la hipocresía. Ajmechet forma parte de un espacio que se llena la boca hablando de “Patria”, “soberanía” y “orden”, pero cuando se trata de Malvinas, aparece su verdadero rostro: el de una liberal cosmopolita dispuesta a resignar territorio y memoria nacional con tal de quedar bien con la narrativa globalista y británica.
Que una diputada nacional haya escrito que creer en la soberanía argentina sobre Malvinas es “irracional y sentimental” no es una opinión más. Es una traición moral al sentimiento colectivo de la Nación. Es escupir sobre la sangre derramada por miles de argentinos
.La denuncia penal presentada por un veterano de Malvinas no busca censurar ideas. Busca ponerle límites a quien, desde el poder legislativo, atenta contra uno de los pocos pilares que todavía nos mantienen unidos como pueblo.
Sabrina Ajmechet no merece representar a la Argentina. Quien desprecia Malvinas y la bandera que la simboliza, no puede pretender defender los intereses de una Nación que sigue reclamando con legítimo derecho su territorio insular.Es hora de que la Justicia actúe con firmeza.
Porque tolerar este tipo de provocaciones desde el Congreso no es defender la libertad: es permitir que se siga escupiendo sobre la dignidad nacional.