Según múltiples fuentes, las fuerzas estadounidenses han disparado más de 850 misiles Tomahawk en apenas cuatro semanas de operaciones bajo la “Operation Epic Fury”. Esta cifra representa un consumo extremadamente elevado, que ha generado preocupación interna en el Pentágono.
Antes del inicio de la guerra, las estimaciones del inventario estadounidense oscilaban entre 3.000 y 4.500 misiles Tomahawk (la cifra exacta es clasificada). El gasto de más de 850 unidades en tan poco tiempo equivale aproximadamente a una cuarta parte (o más) del stock total disponible, según analistas citados por medios como The Washington Post, Reuters y CBS News.
Preocupación en el Pentágono
Funcionarios del Pentágono han calificado el ritmo de consumo como “alarmante”. Algunos han señalado que los niveles de Tomahawk en el teatro de operaciones del Medio Oriente ya están “alarmantemente bajos”. La producción anual actual de estos misiles es limitada (alrededor de 90 a pocos cientos por año en tiempos normales), y aunque existen planes para aumentar la capacidad industrial (incluyendo contratos para cuadruplicar la producción), el proceso de fabricación puede tardar hasta dos años por unidad.
Expertos advierten que, si se mantiene el ritmo actual de operaciones, las reservas podrían llegar a niveles críticos en pocos meses, lo que obligaría a reducir la intensidad de los ataques o a priorizar otros sistemas de armamento menos precisos o más costosos.La Casa Blanca ha respondido que las fuerzas estadounidenses cuentan con “suficientes municiones” para cumplir los objetivos planteados, pero analistas independientes coinciden en que este tipo de agotamiento rápido expone vulnerabilidades logísticas de Estados Unidos, especialmente si el conflicto se prolonga o si surge una crisis simultánea en otra región (como el Indo-Pacífico).
Contexto estratégico
El misil Tomahawk es un arma clave de ataque terrestre de largo alcance lanzada desde buques y submarinos. Su alto costo (hasta 3,6 millones de dólares por unidad) y su precisión lo convierten en un recurso valioso, pero también limitado. El intenso uso contra objetivos iraníes ha puesto de manifiesto los desafíos de “magazine depth” (profundidad de municiones) que enfrenta el Pentágono en conflictos de alta intensidad.
Sputnik y otros medios rusos han utilizado esta información para subrayar las dificultades logísticas de Washington en una guerra prolongada, en línea con la narrativa de que el conflicto expone debilidades estructurales de Estados Unidos y sus aliados.