Según un briefing cerrado del Servicio Nacional de Inteligencia (NIS) de Corea del Sur a legisladores, realizado el 6 de abril de 2026, Pyongyang ha adoptado una postura cautelosa:
Los legisladores surcoreanos citados por Reuters y otros medios indican que esta actitud busca mantener opciones abiertas para posibles conversaciones con la administración Trump, especialmente en un momento en que Irán está sufriendo graves reveses militares.
¿Por qué este giro calculado?
Kim Jong-un parece haber aprendido la lección del destino de Irán: un régimen que, pese a su arsenal y alianzas, enfrenta directamente a EE.UU. e Israel termina en una posición extremadamente vulnerable.
Pyongyang prioriza su propia supervivencia y ve una oportunidad en el estilo transaccional de Trump, quien en el pasado ya negoció directamente con Kim.Esta estrategia no significa un abandono total de la retórica antiestadounidense (Pyongyang sigue condenando la “agresión imperialista”), pero sí un pragmatismo frío: evita compromisos que lo arrastren al conflicto y deja espacio para futuras negociaciones sobre desnuclearización, sanciones o incluso un acercamiento indirecto.
Expertos interpretan este movimiento como una señal clara de que Corea del Norte no quiere repetir los errores de Irán y prefiere mantener flexibilidad diplomática mientras fortalece su propio arsenal nuclear como garantía de seguridad.El cálculo de Kim es evidente: en un mundo donde Irán está pagando un alto precio por su confrontación,
Pyongyang elige el silencio estratégico y la prudencia pública para no cerrar puertas… al menos por ahora.