La operación involucró:
Healey afirmó que fuerzas británicas (buque de guerra, aviones de patrulla marítima P-8 y cientos de efectivos) rastrearon “24/7” a los submarinos, forzándolos a retirarse sin que se reportaran daños a la infraestructura británica. Dirigiéndose directamente a Vladimir Putin, advirtió: “Vemos su actividad sobre nuestros cables y oleoductos. Cualquier intento de dañarlos tendrá graves consecuencias”.
Al mismo tiempo… el desafío en superficie
En paralelo, el Ministerio de Defensa británico confirmó que, junto con socios de la OTAN, siguió de cerca el paso por el Canal de la Mancha de dos buques tanqueros de la “flota sombra” rusa (el Universal con bandera rusa y el Enigma con bandera de Camerún), escoltados por la fragata Admiral Grigorovich de la Flota del Mar Negro.
Esta escolta militar, reportada inicialmente en exclusiva por The Telegraph el 8 de abril, ocurrió a plena vista de las costas británicas. Un buque de la Royal Navy (RFA Tideforce) los siguió a distancia, pero no se intentó ninguna intercepción ni decomiso.
¿Qué significa todo esto?
Estos dos eventos simultáneos (operación submarina en el Norte y escolta armada en el Canal) elevan la tensión marítima entre Rusia y el Reino Unido a un nuevo nivel.
Mientras el gobierno de Starmer intenta proyectar firmeza (“los vimos y los disuadimos”), críticos señalan que Rusia sigue operando con relativa libertad: los submarinos cumplieron su misión de inteligencia y los tanqueros sancionados cruzaron el Canal sin problemas.
El mensaje de Moscú parece claro: las sanciones y amenazas británicas tienen límites, y Rusia está dispuesta a proteger sus rutas con medios militares visibles.Esta situación se enmarca en el contexto más amplio de tensiones con Rusia, agravadas por el apoyo británico a Ucrania y las recientes fricciones con Trump por el apoyo insuficiente en la crisis de Irán.