Estos pequeños submarinos —de apenas 29 metros de eslora y alrededor de 120 toneladas— están especialmente diseñados para operar en las aguas poco profundas y ruidosas del Golfo, donde resultan muy difíciles de detectar por los sonar de buques y submarinos convencionales estadounidenses.
Según múltiples reportes, Irán habría posicionado entre 10 y más de 20 unidades operativas de esta clase, equipadas con torpedos (incluyendo los supersónicos Hoot) y capacidad para sembrar minas navales.
Fuentes iraníes afirman que las tripulaciones han recibido instrucciones claras: si algún buque considerado “enemigo” ingresa en aguas territoriales iraníes, deben destruirlo de inmediato.Esta movida forma parte de la doctrina iraní de “denegación de acceso” (A2/AD), con la que Teherán busca compensar su inferioridad naval convencional frente a la Quinta Flota de EE.UU.
Los Ghadir son ideales para emboscadas contra tanqueros, destructores o portaaviones que se acerquen demasiado a la costa.Aunque el alto el fuego sigue vigente, el despliegue de estos minisubmarinos aumenta considerablemente el riesgo de un incidente naval accidental o intencional en una de las rutas marítimas más importantes del planeta.