viernes 17 de abril de 2026 - Edición Nº529

Editorial | 14 abr 2026

Que se puede esperar del Burro mas que una pa

De país agroindustrial… al burro por la vaca

Argentina fue, durante décadas, uno de los pocos países del mundo que podía jactarse de ser un verdadero potencia agroindustrial. Con una de las mejores tierras del planeta, una cadena cárnica envidiable, cereales, oleaginosas y un complejo industrial que transformaba la producción primaria en valor agregado. La “vaca” —símbolo de nuestra pampa y de nuestra historia— representaba mucho más que un animal: era la base de la exportación, del trabajo rural, de la industria frigorífica y de la identidad productiva del país.


Hoy, en pleno 2026, el gobierno de Javier Milei parece decidido a cambiar ese paradigma. No por modernizarlo ni por hacerlo más eficiente, sino por reemplazarlo simbólicamente por el burro.

La metáfora es cruel, pero cada vez más precisa.

Mientras se celebran con bombo y platillo la llegada de los F-16 (pagados, según las críticas, con el ajuste brutal sobre los sueldos militares y la destrucción de la obra social IOSFA), la realidad del campo argentino es otra. La carne vacuna sigue cara para el bolsillo de los argentinos, la producción enfrenta dificultades por la falta de crédito, la sequía recurrente y una política económica que prioriza el superávit fiscal por encima de casi todo.

Y en medio de esa crisis, aparece la anécdota casi caricaturesca: el gobierno importando burros de España “para mejorar la raza” equina, mientras la cadena de la vaca —la verdadera cadena agroindustrial— sigue sufriendo.

Es la síntesis perfecta del momento:

De ser un país que exportaba carne vacuna de alta calidad al mundo, pasamos a discutir seriamente si la carne de burro puede ser una alternativa “económica” para los que no llegan a comprar un kilo de vacío. De ser líderes en biotecnología agrícola y ganadera, pasamos a importar burros ibéricos como si fuera una prioridad nacional.

La “motosierra” que prometía caer sobre la casta política terminó aplicándose con especial rigor sobre los sectores productivos tradicionales y sobre las familias de los militares. Mientras tanto, la vaca —ese noble animal que durante más de un siglo nos dio de comer y nos permitió soñar con grandeza— es desplazada simbólicamente por el burro: animal de carga, símbolo de terquedad y, en el imaginario popular, de retroceso.

No es solo una cuestión de precios relativos de la carne. Es una cuestión de modelo de país.

Argentina está retrocediendo de ser un país agroindustrial serio, con vocación exportadora y capacidad de agregar valor, a un país donde se celebra como innovación la posibilidad de comer carne de burro porque la de vaca se volvió un lujo.