En 2018-2019, el gobierno de Cambiemos compró cinco aviones Super Étendard Modernisé a Francia por aproximadamente 12,5 a 15 millones de euros (según diferentes fuentes). La excusa oficial fue “reforzar la seguridad” durante la cumbre del G20 en Buenos Aires. La realidad fue otra: se trataba de aeronaves ya retiradas de servicio por la Marina francesa, con décadas de uso, y con problemas estructurales y logísticos evidentes.
Un final previsible
La Armada Argentina había advertido antes de la compra sobre los riesgos. Informes técnicos internos señalaron que los aviones llegaban sin garantías de operatividad y que faltaban repuestos críticos. El principal obstáculo —conocido por todos— era el veto británico: los asientos eyectables Martin-Baker son de origen inglés, y el Reino Unido mantiene desde 1982 un embargo estricto sobre la venta de componentes militares a Argentina.
A pesar de las alertas, la operación se cerró. Los aviones llegaron en 2019, mucho después del G20, y nunca volaron ni un solo minuto en territorio argentino. Permanecieron guardados en hangares, generando gastos de almacenamiento, mantenimiento y personal sin ningún retorno operativo.Años después, la situación se volvió insostenible:
El resultado es previsible y vergonzoso: millones de dólares tirados a la basura en aviones que jamás cumplieron la función para la que supuestamente fueron comprados.
Una compra con olor a improvisación
Más allá del veto británico (que era de público conocimiento), la operación reveló graves fallas de planificación:
Hoy, mientras el gobierno actual discute la compra de F-16 y otros sistemas, queda en evidencia el contraste: se gastaron millones en aviones que nunca volaron, al mismo tiempo que las familias militares enfrentan sueldos de miseria y la obra social IOSFA colapsa.La compra de los Super Étendard bajo Macri no fue solo un mal negocio.
Fue un ejemplo clásico de improvisación, falta de seriedad estratégica y priorización de la foto por encima de la sustancia. Un final anunciado que nadie quiso ver a tiempo.Y ahora, la Armada debe asumir el costo de deshacerse de chatarra cara que nunca sirvió para defender soberanía alguna.