Esta nueva fase representa una escalada significativa de la ofensiva naval estadounidense, que ya incluye un bloqueo en el Estrecho de Ormuz y ahora se extiende más allá del Medio Oriente, hacia distintas zonas del mundo.
El presidente del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, confirmó que EE.UU. “perseguirá activamente cualquier buque con bandera iraní o que intente proporcionar apoyo material al régimen iraní”, incluyendo los llamados “dark fleet” (flota oscura) que transportan petróleo iraní evadiendo sanciones.
Con esta medida, Washington busca tomar control físico de decenas de buques sancionados que operan en océanos lejanos, transportando petróleo o posibles armamentos para Teherán. Marines estadounidenses ya practican operaciones de abordaje marítimo para ejecutar estas misiones.
La ampliación de la campaña eleva la presión sobre Irán en un momento de alta tensión, tras el bloqueo actual de sus puertos y el vencimiento de un cese al fuego.
Esta acción marca un salto de la estrategia estadounidense: de bloquear salidas iraníes a cazar activamente sus buques en cualquier parte del planeta.