El FMI justificó el avance por el “impulso de las reformas”, la aprobación del Presupuesto 2026 en el Congreso y una incipiente acumulación de reservas. Sin embargo, el organismo también ajustó sus pronósticos: bajó la proyección de crecimiento para 2026 y elevó la estimación de inflación.
Con este nuevo tramo, la deuda de Argentina con el FMI supera los 57.000 millones de dólares, consolidando al país como el mayor deudor del organismo a nivel mundial.
El ministro de Economía, Luis Caputo, y el propio Milei celebraron el entendimiento como un paso clave para la “estabilidad macroeconómica”.Críticos del gobierno sostienen que, en lugar de lograr independencia financiera,
Milei profundiza la dependencia del FMI, aumentando la deuda externa y aceptando condiciones que condicionan la política económica argentina para los próximos años.Mientras el Ejecutivo destaca el ingreso de dólares frescos, la realidad muestra que la deuda sigue creciendo y las metas impuestas por el organismo (como acumular al menos 8.000 millones de dólares en reservas netas durante 2026) siguen atando al país a las directivas de Washington.