Trump teme que la operación provoque numerosas bajas estadounidenses, advirtiendo internamente que los soldados quedarían “sentados en peligro” o como “patos fáciles” (sitting ducks) expuestos a ataques iraníes con misiles, drones y minas desde la costa continental cercana.
La isla de Kharg, ubicada a solo unas 15 millas de la costa iraní en el Golfo Pérsico, ha sido ya objetivo de múltiples bombardeos estadounidenses en marzo y abril de 2026, enfocados en objetivos militares. Sin embargo, un asalto anfibio o aerotransportado para ocuparla implicaría desplegar Marines y fuerzas especiales, con el riesgo de enfrentar defensas iraníes reforzadas, incluyendo minas antitanque y antipersonal, drones FPV y ataques balísticos desde tierra firme.
Expertos militares consultados por diversos medios (AP, Reuters, The Atlantic y War on the Rocks) coinciden en que, aunque la toma inicial podría lograrse con relativa rapidez, mantener la isla sería extremadamente costoso: los soldados quedarían vulnerables a ataques sostenidos, y una sola incursión exitosa iraní con drones o misiles podría generar bajas significativas, presionando políticamente a Trump para retirar fuerzas o escalar aún más.Fuentes de la administración indican que Trump ha rechazado hasta ahora la opción de invasión terrestre, prefiriendo una estrategia de presión mediante bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz, bombardeos aéreos y retórica agresiva para forzar negociaciones con Teherán. “No quiere ver a soldados estadounidenses regresando en bolsas”, resumió un funcionario anónimo.
Esta cautela contrasta con las declaraciones públicas de Trump, quien en marzo amenazó con “tomar Kharg Island” si fuera necesario y ha enviado miles de Marines y paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada a la región.
Sin embargo, en privado prioriza evitar un escenario que recuerde las guerras prolongadas de Irak y Afganistán, donde las bajas estadounidenses erosionaron su apoyo político.Analistas señalan que tomar Kharg podría asfixiar económicamente al régimen iraní, pero también dispararía los precios del petróleo global (ya por encima de los 100 dólares por barril) y arriesgaría una escalada regional. Irán ha advertido que convertiría la isla en una “trampa mortal” para cualquier fuerza invasora.
Por ahora, Trump apuesta por la diplomacia de presión máxima sin “botas en el suelo” masivas, aunque la opción sigue sobre la mesa como última carta. La decisión final sobre Kharg Island podría definir no solo el curso de la actual crisis con Irán, sino también el legado de Trump en su segundo mandato.