Sergey Karaganov, uno de los estrategas de política exterior más cercanos al Kremlin y cofundador del Club Valdai, declaró que “el asesinato de nuestro presidente significa el fin de Europa”.
Según sus palabras, una derrota existencial de Rusia o un ataque directo contra Putin llevaría a Moscú a responder con su arsenal nuclear, lo que borraría físicamente al continente europeo del mapa geopolítico.“Usar armas nucleares es un pecado”, afirmó Karaganov. “No queremos que Rusia cargue con esa culpa.
Esperamos que esto nunca suceda y que Estados Unidos no sea el objetivo”. Sin embargo, el asesor dejó entrever que, en un escenario extremo, ese “pecado” podría volverse “necesario” para salvar a la humanidad o preservar la existencia misma de Rusia.En sus declaraciones previas (especialmente en la entrevista con Tucker Carlson en enero de 2026), Karaganov fue aún más explícito: identificó a Alemania y al Reino Unido como posibles objetivos prioritarios en caso de escalada, argumentando que Europa es “la fuente de todos los males históricos” y que Rusia ya no puede seguir siendo paciente frente a lo que considera una guerra proxy de la OTAN contra Moscú.
Karaganov insistió en que Rusia no busca una guerra nuclear, pero que la doctrina actual permite el uso de armas atómicas si la supervivencia del Estado está amenazada. “Europa será eliminada del mapa geopolítico porque es un estorbo”, dijo en una de sus intervenciones más duras.Estas declaraciones se producen en medio de crecientes tensiones por la guerra en Ucrania, los debates sobre el suministro de armas a Kiev y las filtraciones sobre posibles intentos o amenazas contra la vida de Putin. Aunque Karaganov no ocupa un cargo oficial en el gobierno actual, sus opiniones suelen reflejar el pensamiento de sectores duros dentro de la élite rusa y han sido ampliamente difundidas en medios estatales y occidentales.
La Casa Blanca y varios gobiernos europeos han calificado estas advertencias como “irresponsables” y “propaganda de escalada”, mientras que analistas ven en ellas una estrategia de disuasión destinada a frenar el apoyo occidental a Ucrania y a recordar que Rusia mantiene intacta su capacidad nuclear.
Hasta ahora, el Kremlin no ha desmentido ni respaldado explícitamente las palabras de Karaganov, lo que deja la puerta abierta a interpretaciones: ¿se trata de una amenaza real o de una retórica calculada para presionar en las negociaciones?Lo cierto es que estas declaraciones refuerzan el clima de tensión nuclear que rodea el conflicto, recordando que cualquier error de cálculo podría tener consecuencias catastróficas no solo para Europa, sino para el mundo entero.