Milei llegó este domingo a Israel visiblemente conmovido. Lo primero que hizo tras aterrizar fue dirigirse al sitio más sagrado del judaísmo, donde rezó durante varios minutos acompañado por su hermana Karina, el canciller Pablo Quirno y el embajador Axel Wahnish. El gesto simbólico refuerza su alineación incondicional con Israel, en medio de la firma de los “Acuerdos de Isaac” y el anuncio de mayor cooperación bilateral.
Pero mientras el Presidente posa frente al Muro y celebra los lazos estratégicos con Netanyahu, en las calles de Argentina la realidad es otra. Las encuestas más recientes muestran un fuerte derrumbe de su imagen: la aprobación cayó al 35-37%, con una desaprobación que supera el 60-65% según consultoras como Atlas Intel y Opina Argentina. Es el peor momento de su gestión desde que asumió.
Los cimientos sociales se agrietan:
Mientras el gobierno celebra la baja de la pobreza oficial en algunos indicadores, la percepción de la mayoría de los argentinos es distinta: más de la mitad siente que su situación económica empeoró, el consumo se derrumba y el malhumor social se expande, alimentado también por escándalos de corrupción que salpican al entorno oficial.
En Jerusalén, Milei sigue vendiendo su visión de “libertad” y alianzas internacionales. En la Argentina, crece la sensación de que mientras el Presidente mira hacia afuera y construye puentes ideológicos con Israel y Estados Unidos, los pilares internos del país —el trabajo, el salario y la estabilidad social— continúan resquebrajándose.
El contraste es brutal: un presidente emocionado frente al Muro de los Lamentos, mientras en su propio país los cimientos sociales amenazan con derrumbarse bajo el peso de una economía que, para millones de argentinos, sigue sin dar respuestas concretas a sus necesidades diarias.