La ceremonia comenzó de forma protocolar: se izó primero la bandera argentina en el mástil principal. Sin embargo, el acto que generó indignación fue el posterior izamiento de la bandera israelí en el predio del monumento, acompañado por la entonación del Hatikva (himno israelí) junto al argentino. Participaron autoridades locales, representantes de la comunidad judía, la DAIA y unos 400 estudiantes de la Escuela Jaim Najman Bialik.
Este hecho se enmarca en la clara alineación del gobierno de Javier Milei con Israel, visible en su reciente participación en los festejos oficiales en ese país. Para muchos argentinos, utilizar el lugar donde Manuel Belgrano izó por primera vez la bandera nacional el 27 de febrero de 1812 para honrar a una nación extranjera representa un acto de cipayismo simbólico y una dilución de la identidad patria.
¿Es la primera vez que ocurre algo similar?
No es inédito que se izen banderas extranjeras en el Monumento, pero sí resulta altamente controvertido cuando se hace de manera tan destacada en un espacio cargado de significado nacional.
El protocolo interno del Monumento establece que en el mástil principal interno (Patio Cívico) solo se iza la bandera argentina. El uso del predio para una bandera extranjera, aunque técnicamente “dentro del monumento”, genera la percepción de que se está equiparando o incluso priorizando un símbolo ajeno en el sitio más sagrado de la enseña nacional.
Críticas al acto
La reacción en redes sociales y en sectores nacionalistas fue inmediata y dura:
Defensores del acto argumentan que se trata de un gesto de amistad y que la bandera argentina se izó primero. Sin embargo, el simbolismo pesa más: pocos símbolos nacionales concentran tanta carga emocional como este monumento. Usarlo para celebrar la independencia de otro Estado genera la sensación de que la soberanía simbólica argentina se está cediendo con demasiada facilidad.
Este episodio reabre un debate profundo: ¿hasta dónde llega la diplomacia y dónde comienza la entrega de los símbolos que nos definen como nación?
El Monumento Nacional a la Bandera fue creado para honrar la gesta de Belgrano y la identidad argentina, no para convertirse en un telón de fondo de agendas externas.El hecho deja una pregunta incómoda flotando en el aire rosarino y nacional: ¿qué queda de la soberanía cuando hasta el mástil de nuestra bandera se presta para flamear pabellones ajenos con tanta naturalidad?