La propuesta, impulsada por el enviado especial estadounidense Paolo Zampolli, sugería que la FIFA apartara a Irán (que sí se clasificó en cancha) para darle un lugar a Italia, que quedó eliminada en la repesca ante Bosnia y Herzegovina. El argumento: “Italia tiene cuatro títulos mundiales y sería un sueño verla en un Mundial organizado por Estados Unidos”.
La respuesta italiana no se hizo esperar y fue contundente.El ministro de Deportes, Andrea Abodi, lo dejó claro: “Primero, no es posible. Segundo, no es oportuno. Uno se clasifica en el campo”. Por su parte, el ministro de Economía, Giancarlo Giorgetti, fue más directo y calificó la idea de “vergonzosa”. Varios exjugadores y entrenadores italianos también rechazaron la propuesta, defendiendo que la Azzurra no necesita “regalos” ni atajos geopolíticos.
La propia FIFA ya había enfriado la ocurrencia: Gianni Infantino confirmó que Irán participará normalmente en el torneo que se disputará este verano en Estados Unidos, Canadá y México. No hay ninguna intención de modificar la lista de clasificados por capricho político.
Un gesto de integridad en medio del circoEn un mundo donde el deporte cada vez más se mezcla con la política, la posición de Italia destaca como un acto de pura integridad deportiva.
Rechazar un “regalo” que habría sido visto por muchos como una humillación (entrar por la ventana porque un mandatario lo pidió) dice mucho del orgullo italiano y del respeto que aún queda en algunos sectores por las reglas del juego.Italia quedó fuera del Mundial por tercera vez consecutiva. Es un golpe duro para una de las selecciones más gloriosas de la historia.
Pero parece que, al menos por ahora, prefieren seguir fuera con la cabeza alta antes que entrar por la puerta trasera gracias a una maniobra trumpiana.La frase que resume el momento, y que ya circula con fuerza en Italia, es sencilla y lapidaria:«No. Nos clasificaremos a la antigua usanza: jugando al fútbol».En tiempos donde todo parece negociable, este “no” suena casi revolucionario.