Según el MIVD, el objetivo de Moscú no sería derrotar militarmente a la Alianza Atlántica —algo que considera inviable—, sino fracturarla políticamente. Para lograrlo, Rusia buscaría ganancias territoriales limitadas (posiblemente en el flanco oriental, como los países bálticos) que generen divisiones internas en la OTAN sobre cómo responder, aprovechando posibles dudas sobre el compromiso estadounidense o discrepancias entre aliados europeos.
El informe no descarta el uso de amenazas nucleares como herramienta de coerción para disuadir una respuesta fuerte de la OTAN y forzar una negociación en términos favorables a Rusia.
¿En qué se basa esta evaluación?
Otras evaluaciones de inteligencia occidental (como las de Dinamarca, Polonia o el propio IISS) coinciden en que Rusia representa una amenaza creciente para Europa, aunque los plazos varían: algunos hablan de 6-12 meses para acciones híbridas o incursiones limitadas, y de 2 a 5 años para recuperar capacidades pre-guerra a gran escala, o incluso hasta 2029 para una ofensiva más ambiciosa.Contexto actualEsta advertencia llega mientras varios países de la OTAN aceleran su rearme.
Alemania, por ejemplo, presentó su estrategia “Verantwortung für Europa” con el objetivo de convertirse en la fuerza militar convencional más poderosa del continente hacia 2039.
La Alianza en su conjunto aumenta el gasto en defensa y fortalece el flanco oriental.Expertos advierten que el riesgo real no está solo en un ataque convencional masivo, sino en la combinación de amenazas híbridas (ciberataques, sabotajes, migración instrumentalizada, desinformación) con una presión militar limitada respaldada por la disuasión nuclear.El MIVD concluye que, mientras Ucrania resista, actúa como un “escudo” que retrasa y desgasta la capacidad rusa de proyectar amenaza hacia la OTAN.
Sin embargo, una vez finalizado el conflicto en Ucrania —sea por victoria, derrota o alto el fuego—, el reloj para la seguridad europea comenzaría a correr rápidamente.