Los hechos verificados
La designación se produjo en medio de un fuerte ajuste en el sector científico-tecnológico: la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y Nucleoeléctrica sufren fuga de cerebros, con ingenieros y físicos altamente calificados ganando salarios que en algunos casos no superan los 1,5-2 millones de pesos y emigrando al exterior. Proyectos clave como el reactor CAREM enfrentan demoras o recortes.
Reacciones y críticas
El nombramiento provocó rechazo inmediato en la comunidad científica, técnica y energética:
Defensores del gobierno podrían argumentar que “Responsabilidad Social Empresaria” es un área más vinculada a comunicación y gestión social que a operación técnica directa, y que el Estado tiene derecho a colocar cuadros políticos de confianza. Sin embargo, la percepción pública dominante en el debate es de incoherencia y vergüenza ajena: un sector estratégico como el nuclear requiere profesionalismo, no militancia pura.
Contexto más amplio
Este caso se suma a otras designaciones controvertidas en áreas técnicas durante la gestión Milei, donde la lealtad política parece primar sobre la experiencia en algunos nombramientos. En paralelo, el gobierno busca avanzar en modernización y posibles expansiones nucleares (incluyendo temas de seguridad y cooperación internacional, como se vio en debates recientes sobre armas nucleares en Finlandia o tensiones globales).Para muchos argentinos que apoyaron el cambio en 2023 esperando eficiencia y reducción del gasto político, este tipo de nombramientos genera frustración: si el objetivo es achicar el Estado y terminar con privilegios, ¿por qué un cargo de alto sueldo en una empresa estratégica va a alguien sin trayectoria relevante?