sábado 25 de abril de 2026 - Edición Nº537

Conflictos | 24 abr 2026

Malvinas en la mira

Malvinas en la mira de Trump: la venganza por la “traición” británica en Irán que sacude el Atlántico Sur

Un documento filtrado del Pentágono, revelado este 24 de abril de 2026, ha puesto al descubierto una de las crisis más graves en la “relación especial” entre Estados Unidos y el Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial. En él se propone explícitamente revisar el apoyo diplomático estadounidense a la soberanía británica sobre las Islas Malvinas como medida de castigo contra el Gobierno de Keir Starmer por su negativa a sumarse plenamente a la ofensiva militar contra Irán. Lo que comenzó como una divergencia táctica en Medio Oriente se ha convertido, en cuestión de semanas, en una amenaza directa contra uno de los símbolos más sensibles de la identidad británica y un posible punto de inflexión histórico para la causa argentina.


El origen: la “no-guerra” británica en Irán

Cuando el 28 de febrero de 2026 Estados Unidos e Israel lanzaron la Operación Epic Fury contra Irán, Donald Trump esperaba que sus aliados más cercanos —especialmente el Reino Unido— se alinearan sin fisuras. No ocurrió. El primer ministro laborista Keir Starmer rechazó inicialmente el uso de bases británicas (Diego García y RAF Fairford) para bombardeos ofensivos.

Solo después de intensas presiones accedió a un uso “limitado y defensivo” a partir del 1 de marzo, y reiteró en múltiples ocasiones que el Reino Unido no participaría en acciones ofensivas ni en el bloqueo naval del Estrecho de Ormuz.Starmer justificó su postura invocando las lecciones de Irak: “No nos uniremos a estos ataques”.

El Reino Unido se limitó a operaciones defensivas (interceptación de misiles sobre Jordania, Qatar, Chipre y Bahréin) y desplegó el destructor HMS Dragon. Trump no ocultó su furia: llamó a Starmer “cobarde” y “ningún Winston Churchill”, y acusó a los aliados europeos de dejar solo a Estados Unidos en el frente.Esta fractura no fue menor. Para Trump, la “relación especial” implica reciprocidad absoluta. Para Starmer, significaba evitar una guerra sin salida clara y sin mandato parlamentario pleno.

El memo del Pentágono: la venganza se llama Malvinas

El correo electrónico interno del Pentágono —filtrado y reportado por Reuters y The Independent— lista opciones punitivas contra los aliados de la OTAN que no concedieron “acceso, bases y sobrevuelos” (ABO, por sus siglas en inglés). Entre ellas figura expresamente reconsiderar el apoyo diplomático de Washington a las “posesiones imperiales europeas”, y nombra explícitamente las Islas Falkland (Malvinas).

El documento describe el apoyo histórico estadounidense a la soberanía británica como algo que ya no es “automático” cuando los aliados fallan en lo que Trump considera “el mínimo básico de la OTAN”. Fuentes cercanas a la administración confirmaron que la idea circula en los niveles más altos del Departamento de Defensa.No se trata de un capricho retórico.

Es un cambio paradigmático: en 1982 Ronald Reagan apoyó logísticamente y diplomáticamente a Margaret Thatcher. Hoy, Donald Trump evalúa retirar ese paraguas para castigar a un primer ministro laborista que, a sus ojos, priorizó la cautela europea sobre la lealtad atlántica.

Reacciones inmediatas y el silencio estratégico de Argentina

El Gobierno británico reaccionó con contundencia: Downing Street y la canciller Yvette Cooper afirmaron que “la soberanía de las Falkland Islands descansa con el Reino Unido y no está en cuestión”.

Los veteranos de la guerra de 1982 hablaron de “bully” (matón) y “hissy fit” (berrinche) de Trump.En Argentina, el presidente Javier Milei —aliado ideológico y personal de Trump— no ha emitido declaración oficial aún, pero el contexto es elocuente: su Gobierno ha profundizado la cooperación en defensa con Estados Unidos (reunión reciente con el embajador Lamelas y el ministro Presti) y mantiene el reclamo de soberanía como bandera irrenunciable. Fuentes diplomáticas argentinas consultadas por varios medios interpretan el memo como una “ventana de oportunidad histórica” que no se veía desde 1982.

Análisis profundo: ¿bluff o giro geopolítico real?

Varios elementos hacen que esta amenaza sea más que un simple desahogo trumpiano:

  1. Cambio en la doctrina estadounidense: Trump ha repetido que “América Primero” implica que los aliados paguen por la protección. Si el Reino Unido no está dispuesto a arriesgar sangre y bases en el Golfo Pérsico, ¿por qué Washington debería seguir garantizando una posesión británica en el Atlántico Sur?
  2. Alineamiento ideológico con Milei: Trump ve en el presidente argentino a un socio anti-globalista, libertario y anti-china. Apoyar (aunque sea simbólicamente) el reclamo argentino encaja en su estrategia de debilitar a Europa y recompensar a aliados leales.
  3. Realismo estratégico: Las Malvinas tienen valor simbólico, pero también práctico (recursos, proyección antártica, rutas). Un Estados Unidos que revisara su posición obligaría a Londres a replantear su despliegue militar en el Atlántico Sur y podría abrir espacio a negociaciones bilaterales Argentina-Reino Unido bajo presión estadounidense.
  4. Riesgos: Un movimiento así erosionaría aún más la OTAN, alentaría a otros reclamos territoriales y podría generar una crisis innecesaria en un momento en que Estados Unidos necesita aliados frente a China. Por eso muchos analistas lo ven como palanca negociadora más que como política definitiva.

Un punto de inflexión para el Atlántico Sur

Lo que está en juego no es solo la soberanía de un archipiélago remoto. Es la demostración de que, en el mundo multipolar de 2026, las lealtades se negocian con frialdad transaccional. Gran Bretaña, que en 1982 contó con el respaldo decisivo de Reagan, hoy enfrenta la posibilidad d

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