domingo 26 de abril de 2026 - Edición Nº538

Nacionales | 25 abr 2026

Argentina-Malvinas

La Hipocresía de la Memoria: Cómo el apoyo decisivo de Estados Unidos inclinó la balanza a favor de Gran Bretaña en Malvinas

En la narrativa argentina sobre las Islas Malvinas, la “memoria” ocupa un lugar sagrado: se honra a los caídos, se reivindica el derecho histórico de soberanía y se recuerda el heroísmo de los conscriptos frente a una potencia colonial. Sin embargo, hay un capítulo sistemáticamente minimizado o silenciado en esa memoria colectiva: el rol esencial y determinante que jugó Estados Unidos para garantizar la victoria británica en 1982. Lejos de la neutralidad proclamada, Washington proporcionó inteligencia, logística, armamento y combustible que, según altos funcionarios estadounidenses de la época, fueron la diferencia entre la derrota y el triunfo del Reino Unido. Esta omisión no es casual: revela una hipocresía de la memoria que selecciona hechos para sostener el relato patriótico, ignorando la cruda realidad geopolítica que definió el desenlace de la guerra.


La “neutralidad” que nunca fue talOficialmente, la administración de Ronald Reagan intentó mediar a través del secretario de Estado Alexander Haig, quien viajó entre Londres y Buenos Aires en abril de 1982.

Públicamente, EE.UU. se declaraba neutral en la cuestión de soberanía. Pero en la práctica, desde los primeros días del conflicto, Washington priorizó su alianza estratégica con el Reino Unido (la “Special Relationship”) sobre cualquier vínculo con Argentina, aun cuando este último era socio en la lucha anticomunista durante la Guerra Fría.

Documentos desclasificados del Departamento de Estado y del Ministerio de Defensa británico confirman que el apoyo fue inmediato y masivo:

  • Inteligencia decisiva: Satélites estadounidenses (incluyendo reorientación de recursos de vigilancia sobre la URSS), inteligencia de señales (SIGINT), fotografías aéreas y pronósticos meteorológicos en tiempo real. Esto permitió a la flota británica anticipar movimientos argentinos y proteger sus portaaviones, el bien más valioso de la Task Force.
  • Armamento clave: Misiles aire-aire AIM-9L Sidewinder (la versión más avanzada, con buscador todo-aspecto), misiles tierra-aire Stinger, misiles antirradar Shrike, cañones Phalanx y equipos de guerra electrónica. El ex secretario de Marina de EE.UU., John Lehman, admitió en 1988: “Sin los Sidewinder L, los británicos habrían perdido la guerra”.
  • Logística sin la cual no era posible: Uso ilimitado de la base de Ascensión (Isla Ascensión), que se convirtió en el centro operativo de la campaña británica (más de 10.000 vuelos). Combustible (millones de galones de aviación y naval), aviones de transporte Galaxy, planchas para pistas improvisadas y reemplazo de material en Europa para liberar a la OTAN.
  • Apoyo diplomático y de denegación: Bloqueo efectivo a la compra argentina de más Exocet (Francia colaboró proporcionando datos técnicos), y reemplazo de fuerzas británicas en el teatro europeo.

Caspar Weinberger, secretario de Defensa estadounidense, ordenó explícitamente “toda la asistencia posible en términos de material e información”. Sin esta ayuda, según múltiples análisis militares británicos y estadounidenses posteriores, la Task Force habría tenido que replegarse. Margaret Thatcher lo reconoció en sus memorias: los Sidewinder y la inteligencia estadounidense fueron “inestimables”.

La hipocresía que la memoria prefiere olvidarEsta asistencia no fue un “detalle” ni un acto aislado: fue el factor que rompió el equilibrio militar. Argentina contaba con superioridad numérica inicial y coraje demostrado (el ataque al Sheffield, al Atlantic Conveyor y los éxitos de la aviación naval son prueba de ello). Pero la brecha tecnológica y logística se hizo insalvable por el respaldo norteamericano.

Aquí radica la hipocresía de la memoria:

  • Se recuerda con razón el dolor de la derrota y la traición de la dictadura que envió a jóvenes mal preparados. Pero se omite que el “Goliath” británico no ganó solo: tuvo al principal aliado occidental del lado.
  • Se critica hoy cualquier acercamiento de Argentina con EE.UU. (ejercicios PASSEX, visita del USS Nimitz) como “entrega de soberanía”, mientras se silencia que en 1982 Washington ya había elegido bando de forma determinante.
  • Se invoca el principio de “no intervención” o el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) cuando conviene, pero se ignora que EE.UU. lo ignoró deliberadamente porque priorizó la OTAN y la cohesión occidental frente a la URSS.

Esta memoria selectiva sirve para mantener viva la causa Malvinas como símbolo de unidad nacional, pero impide aprender la lección real: en geopolítica, las alianzas estratégicas pesan más que los discursos de amistad o neutralidad. Hoy, con un gobierno argentino alineado con Occidente, algunos vuelven a depositar esperanzas en un “cambio” de postura estadounidense.

La historia de 1982 muestra que, cuando se trata de Malvinas, Washington siempre ha actuado según sus intereses permanentes: la alianza con Londres y la defensa del orden basado en reglas que le conviene.La verdadera memoria no niega el reclamo argentino (histórico, geográfico y de justicia). Pero tampoco puede ocultar que, sin el apoyo estadounidense,

Gran Bretaña probablemente no habría recuperado las islas. Reconocer ese hecho no es traición: es honestidad. Solo así la “memoria” dejará de ser un relato incompleto y se convertirá en herramienta para una estrategia soberana más realista y efectiva en el siglo XXI.

Más Noticias