domingo 26 de abril de 2026 - Edición Nº538

Nacionales | 25 abr 2026

Argentina-Malvinas

Por qué Victoria Villarruel jamás ha llamado “enemigo” al Reino Unido pese a su férrea reivindicación de las Malvinas Argentinas

Victoria Villarruel es, sin duda, una de las figuras políticas argentinas que más consistentemente ha reivindicado la soberanía sobre las Islas Malvinas. Hija de un veterano de la guerra de 1982, presidenta del Senado y vicepresidenta de la Nación, ha participado en homenajes a los caídos, impulsado actos de memoria y utilizado un lenguaje firme y emotivo para defender que “las Malvinas fueron, son y serán argentinas”. Sin embargo, en más de una década de exposición pública, nunca ha calificado al Reino Unido como “enemigo” ni ha lanzado críticas generales contra el país británico como nación o contra su pueblo. Esta aparente paradoja no es contradicción: responde a una visión estratégica, institucional y jurídica que distingue claramente entre el reclamo histórico argentino y la necesidad de resolverlo por la vía pacífica y diplomática.


El reclamo, firme y permanente

Villarruel no deja lugar a ambigüedades en la cuestión de fondo. En abril de 2026, en medio de la polémica por una posible revisión de la postura estadounidense, escribió:

“Hoy más que nunca, Malvinas Argentinas. La discusión sobre la soberanía de nuestras islas es entre Estados, por lo cual el Reino Unido debe discutir bilateralmente con la Argentina el reclamo que sostenemos por razones jurídicas, históricas y geográficas. Los kelpers son ingleses que viven en territorio argentino, no son parte de la discusión”.

Y en otro mensaje reciente recordó la gesta de 1982 como “Argentina desafiando al pirata inglés en defensa de su tierra, sus recursos y su soberanía”. Utiliza términos históricos fuertes (“invasor inglés”, “pirata inglés”), propios del relato nacional argentino, pero siempre en contexto de 1833 y 1982. Nunca extiende ese lenguaje a una enemistad actual.

La explicación: diálogo bilateral como único camino posibleLa razón principal es que Villarruel concibe la recuperación de las Malvinas como un asunto de Estado entre Argentina y el Reino Unido, no como un conflicto abierto con una potencia enemiga. En sus propias palabras, repetidas en múltiples ocasiones:

“Sabemos y ratificamos que la única solución al conflicto que mantenemos con el Reino Unido es el diálogo bilateral por soberanía”.

Esta postura se basa en tres fundamentos claros:

  1. Respeto al derecho internacional y al rol institucional
    Como vicepresidenta y presidenta del Senado, Villarruel representa al Estado argentino en su conjunto. Calificar a un país miembro de la ONU, aliado de Estados Unidos y socio comercial como “enemigo” cerraría automáticamente cualquier posibilidad de negociación. La Resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU (1965) y las posteriores instan precisamente al diálogo bilateral entre las dos partes. Villarruel se ajusta a ese marco: exige que Londres se siente a negociar soberanía, pero sin romper el principio de solución pacífica de controversias.
  2. Lección histórica de 1982
    Siendo hija de un veterano, Villarruel honra el sacrificio de las Fuerzas Armadas y critica la “desmalvinización” posterior. Sin embargo, reconoce implícitamente que la guerra fue un conflicto armado puntual, no el inicio de una enemistad perpetua. En sus discursos siempre separa el heroísmo argentino de la derrota militar y enfatiza que “la causa Malvinas es un mandato histórico y un compromiso con el futuro”, no una invitación a revancha. Llamar “enemigo” al Reino Unido hoy equivaldría a ignorar que Argentina, desde 1983, ha elegido la vía diplomática y multilateral.
  3. Intereses estratégicos nacionales por encima de la retórica
    Villarruel ha criticado duramente acuerdos puntuales con el Reino Unido (como los de 2024 sobre cooperación en Malvinas, que calificó de “contrarios a los intereses de la nación”). Pero nunca generaliza esa crítica a todo el vínculo bilateral. Sabe que Argentina necesita aliados en Occidente, que el Atlántico Sur es clave por recursos y proyección antártica, y que una retórica de enemistad aislaría al país. Su enfoque es pragmático: defender la soberanía con firmeza, pero sin quemar puentes que puedan servir en el futuro.

Una postura coherente, no tibia

No se trata de tibieza. Villarruel ha sido más dura que muchos dirigentes en rechazar la “autodeterminación” de los kelpers (“no son parte de la discusión”) y en exigir que el Reino Unido negocie soberanía de Estado a Estado. Ha cruzado incluso a compañeras de espacio político por posturas que consideró “pro-inglesas”. Pero mantiene el límite: el Reino Unido es el interlocutor necesario, no un enemigo existencial.Esta línea —reclamo innegociable + diálogo como único instrumento— es la que ha sostenido desde siempre.

No es debilidad; es la única estrategia viable para un país que no puede sostener una confrontación militar y que, al mismo tiempo, no renuncia a su derecho histórico. Villarruel lo resume en una frase que repite: la soberanía “no se negocia”, pero su recuperación “debe buscarse por la vía del diálogo y el derecho internacional”.En un momento en que la interna política argentina a veces confunde patriotismo con belicismo verbal, la vicepresidenta demuestra que se puede defender Malvinas con convicción sin convertir al Reino Unido en “enemigo”. Esa distinción no es traición: es madurez institucional.

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