El reclamo, firme y permanente
Villarruel no deja lugar a ambigüedades en la cuestión de fondo. En abril de 2026, en medio de la polémica por una posible revisión de la postura estadounidense, escribió:
“Hoy más que nunca, Malvinas Argentinas. La discusión sobre la soberanía de nuestras islas es entre Estados, por lo cual el Reino Unido debe discutir bilateralmente con la Argentina el reclamo que sostenemos por razones jurídicas, históricas y geográficas. Los kelpers son ingleses que viven en territorio argentino, no son parte de la discusión”.
Y en otro mensaje reciente recordó la gesta de 1982 como “Argentina desafiando al pirata inglés en defensa de su tierra, sus recursos y su soberanía”. Utiliza términos históricos fuertes (“invasor inglés”, “pirata inglés”), propios del relato nacional argentino, pero siempre en contexto de 1833 y 1982. Nunca extiende ese lenguaje a una enemistad actual.
La explicación: diálogo bilateral como único camino posibleLa razón principal es que Villarruel concibe la recuperación de las Malvinas como un asunto de Estado entre Argentina y el Reino Unido, no como un conflicto abierto con una potencia enemiga. En sus propias palabras, repetidas en múltiples ocasiones:
“Sabemos y ratificamos que la única solución al conflicto que mantenemos con el Reino Unido es el diálogo bilateral por soberanía”.
Esta postura se basa en tres fundamentos claros:
Una postura coherente, no tibia
No se trata de tibieza. Villarruel ha sido más dura que muchos dirigentes en rechazar la “autodeterminación” de los kelpers (“no son parte de la discusión”) y en exigir que el Reino Unido negocie soberanía de Estado a Estado. Ha cruzado incluso a compañeras de espacio político por posturas que consideró “pro-inglesas”. Pero mantiene el límite: el Reino Unido es el interlocutor necesario, no un enemigo existencial.Esta línea —reclamo innegociable + diálogo como único instrumento— es la que ha sostenido desde siempre.
No es debilidad; es la única estrategia viable para un país que no puede sostener una confrontación militar y que, al mismo tiempo, no renuncia a su derecho histórico. Villarruel lo resume en una frase que repite: la soberanía “no se negocia”, pero su recuperación “debe buscarse por la vía del diálogo y el derecho internacional”.En un momento en que la interna política argentina a veces confunde patriotismo con belicismo verbal, la vicepresidenta demuestra que se puede defender Malvinas con convicción sin convertir al Reino Unido en “enemigo”. Esa distinción no es traición: es madurez institucional.