Internacionales | 27 abr 2026
Malvinas
Varios medios ingleses, con su ADN pirata, salieron a criticar a Victoria Villarruel
Tras los contundentes mensajes de la vicepresidenta Victoria Villarruel reafirmando la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas —en los que sostuvo que “la discusión es entre Estados” y que “si los kelpers se sienten ingleses, que vuelvan a su país”— varios medios británicos reaccionaron con dureza. Periódicos como The Times, The Telegraph, Daily Mail y The Sun publicaron notas que calificaron sus declaraciones como un “ataque vitriólico”, “provocativo” y “poco diplomático”, reviviendo el viejo tono colonial y defensivo que caracteriza a la prensa inglesa cuando se toca el tema de las Malvinas.
Villarruel escribió en X (ex Twitter): “Hoy más que nunca, Malvinas Argentinas. La discusión sobre la soberanía de nuestras islas es entre Estados, por lo cual el Reino Unido debe discutir bilateralmente con la Argentina el reclamo que sostenemos por razones jurídicas, históricas y geográficas. Los kelpers son ingleses que viven en territorio argentino, no son parte de la discusión”. Y agregó: “Si se sienten ingleses, que vuelvan a los miles de kilómetros donde está su país”.
La respuesta británica: el reflejo del “ADN pirata”
Los medios ingleses no tardaron en responder. The Times tituló que la vicepresidenta argentina les decía a los isleños que “vuelvan a Inglaterra”, presentándolo como una escalada innecesaria en medio de las especulaciones sobre una posible revisión de la postura estadounidense. The Telegraph y Daily Mail hablaron de un “extraordinario ataque” contra los kelpers y usaron términos como “vitriólico” y “delirante” para describir sus palabras. The Sun fue aún más directo, titulando que Argentina “ataca” y citando a veteranos de la guerra de 1982 para reforzar el relato de que las Mlavinas son indiscutiblemente británicas.
Esta reacción no sorprende. Forma parte del ADN pirata que ha caracterizado históricamente la actitud británica frente a los reclamos territoriales: la misma lógica que en 1833 ocupó las islas por la fuerza, desalojando a la población y autoridades argentinas, y que en 1982 defendió su botín colonial con el respaldo logístico y militar de Estados Unidos. Cuando Argentina ejerce su derecho a reivindicar lo que considera suyo mediante argumentos históricos, jurídicos y geográficos, la prensa británica responde con indignación moral, como si el mero hecho de mencionar la soberanía argentina fuera un acto de agresión.
Hipocresía selectiva
Los mismos medios que hoy critican a Villarruel por “ignorar la autodeterminación de los kelpers” defienden con fervor el principio de autodeterminación cuando les conviene (por ejemplo, en otros contextos coloniales británicos). Sin embargo, niegan sistemáticamente que el reclamo argentino deba discutirse de Estado a Estado, tal como lo establecen resoluciones de la ONU desde 1965. En cambio, reducen el debate a la voluntad de unos 3.000 habitantes —en su mayoría descendientes de colonos británicos— que viven en un territorio que Argentina considera usurpado desde hace casi dos siglos.
Villarruel no ha llamado “enemigo” al Reino Unido como nación, ni ha incitado a la confrontación armada. Ha mantenido la línea institucional: el diálogo bilateral es el único camino. Pero su claridad al separar la discusión de soberanía de la supuesta “autodeterminación” de los kelpers molesta profundamente al establishment británico, porque desnuda la debilidad de su posición: no hay negociación real si Londres sigue negándose a sentarse a discutir el núcleo del conflicto.